Alberto Cañas

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Miércoles 2 Julio, 2008

CHISPORROTEOS
Alberto F. Cañas


He visto con desagrado, casi con asco, la campaña de propaganda política contra don Ottón Solís y el Partido Acción Ciudadana que se proyecta en la televisión nacional. Algo tiene de las voces del odio, y algo debe tener de ilegal puesto que es evidentemente política, contra un partido y contra su líder, y no estamos en época de campaña política. No sé si Andrea Morales ha autorizado que la usen en esa campaña, y si lo ha hecho probablemente sepa quien la paga. Y sería bueno que si lo sabe lo diga, y si no lo sabe que, por su propio bien desautorice el uso que están haciendo de su nombre, persona e imagen. La propaganda política debe estar circunscrita a los partidos políticos. ¿No lo cree así el Tribunal Supremo de Elecciones?

En medio de todo algo hay que invita a sentirse bien, y es lo que conceptúo como el anuncio de un renacer de la actividad teatral costarricense, que tanto prestigio tuvo antes de ser prostituida por el flagrante comercialismo de los últimos años. Dos acontecimientos son los que me llenan de optimismo,

El primero es el regreso a la tablas de Eugenia Fuscaldo después de más o menos veinte años de alejamiento y de televisión Una modesta pero penetrante pieza: Entre Nos, de un autor argentino, Santiago Serrano, para mí hasta ahora desconocido, es la que ha obrado el milagro. Es simplemente el diálogo que se entabla en la banca de un parque entre dos mujeres: una humilde, gastada, envejecida ama de casa a la antigua, y una elegante petulante funcionaria de banco. La obra se limita a ponerlas a conversar y a conocerse mutuamente, y las va mostrando en sus más íntimas estructuras, con gran habilidad dramática e inteligencia literaria, mediante un diálogo eficaz y al grano. La mujer casada y agotada es la que interpreta Eugenia, en un alarde de talento que la coloca en un pedestal como los que hace veinte y treinta años ocupaban Annabel de Garrido, Haydée de Lev, Quitico Moreno y Ana Poltronieri. Es decir, en un trono. Junto a ella, una actriz a quien no conocía: Rosaura Barquero, saca adelante un personaje evidentemente menor, y su trabajo unido al acertado enfoque del director Andrés Montero, redondea un espectáculo de muy alta calidad. Está en el Teatro Sala San José, hermoso, cómodo y atractivo.

La Rosa de Dos Aromas, del recién fallecido dramaturgo mexicano Emilio Carballido, tan querido en Costa Rica, se vio aquí por primera vez en 1987, y alcanzó la soñada meta de las cien funciones, en el mismo Teatro Vargas Calvo donde está ahora. Es una comedia de altísima categoría, una de las mejores del eminente Carballido, con una trama apasionante de la que no se debe hablar porque es bueno que el espectador no la conozca antes de que comience la función, y consta de dos personajes maravillosamente dibujados: una mujer ordinaria, inculta, dueña de un humilde salón de belleza de barrio, y una empingorotada traductora de varios idiomas, cultivada, educada y de buena posición social. Por qué se encuentran, dónde, por qué se hacen amigas, y en qué culmina su relación, es una historia estupenda y de gran teatralidad. La puesta en escena de Mariano González es impecable. Aquí se lucen como no hay idea dos actrices relativamente nuevas: María Chaves y Alejandra Portillo, y el mano a mano entre ellas es memorable, aunque, claro, el personaje que hace María Chaves da más oportunidad de lucimiento que el otro, pero al conjunto no se le puede pedir más. Una magnífica obra ha recibido el tratamiento que merece.
 
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