Alberto Cañas

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Miércoles 25 Junio, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

La respuesta que mi admirado amigo Gaetano Pandolfo ha dado a las observaciones que hice sobre un artículo suyo, son una especie de invitación a que discutamos la persona, la figura política y la biografía de don Oscar Arias. Lo apoyé en 1981 a pesar de que lo primero que hizo cuando se vio candidato fue quitarme del puesto de Secretario de Propaganda del PLN, para imponer en mi lugar a un periodista connotado y violento anti-liberacionista de hueso colorado, que allá por 1969 dijo en mi presencia que prefería para Costa Rica dos gobiernos consecutivos de Calderón Guardia que otro de Liberación, y que dirigió La Nación durante los años de más venenoso anti-liberacionismo de ese periódico. El gobierno de Arias, en realidad, ni me gustó ni me disgustó, tal vez porque no me di cuenta en ese momento de la enormidad que estaba haciendo al cerrar los estancos y los silos del Consejo de la Producción, y minimizar el INVU. Me desilusioné más al saber, años después, que cuando fue a recibir el Premio Nobel de la Paz protestó porque a su Canciller Rodrigo Madrigal Nieto lo habían hospedado en el mismo hotel que a él. Vi clara su mano durante la campaña del 93 en el empeño de revolcar el asunto Chemise (inventado en el periódico que dirigía por el señor que él puso de Secretario de Propaganda del PLN), y cuando John Biehl confirmó en la TV en la casa de quién se había fraguado la resurrección de esa inverosímil calumnia, y cuál de los adictos había pagado la cuenta de imprenta del libro que perpetraron los hermanos Romero. Más negativo me fui poniendo cuando (al contrario de haber “abandonado su trinchera de paz y nido de deleite espiritual”), lo vi moviendo cielo y tierra para que se reformara la Constitución que prohíbe a los presidentes volver a la presidencia, hasta llegar al extremo de afirmar que algún magistrado le había salido güero. Como sigo creyendo firmemente que, salvo una Asamblea Constituyente, la Constitución Política sólo la pueden reformar 38 diputados, y jamás 4 ni 5 ni 38 magistraditos no güeros que ni siquiera son de elección popular, ha de comprender mi buen amigo las razones que tengo para no compartir sus entusiasmos.

Es cierto que la noche de las elecciones presidenciales del 2006, cuando el PAC iba ganando, hablé de la Tercera República. Sigo hablando de ella. Sigo esperándola. La Segunda que fundó don Pepe la han desarmado alegando teorías del siglo XVIII muy celebradas en Wall Street. Le tengo horror al sistema capitalista que nos han recetado, y a los políticos que se refocilan imponiéndonoslo.

Los chistes y malacrianzas que algunos digan, son parte negativa de nuestro folklore nacional, y a don Pepe Figueres le inventaban cosas peores, como aquella de ser padre de asesinos. No voy a seguir en esto. Hago una oposición honrada desde mi columna. No creo que a estas alturas debamos erigir un nuevo Estadio Nacional, cuando los de los equipos de futbol dan abasto, y no me parece que se deban hacer construcciones en La Sabana.

A otra cosa. Un día de estos, un buen amigo me dijo que así como don Pepe Figueres afirmaba haber crecido cuando problemática era un adjetivo, así él creció cuando la competencia de un hombre se refería al hecho de ser él competente. El idioma da vueltas no hay duda. Mientras sean partidarios de la competitividad, nada importa nombrar funcionarios públicos que no son competentes.

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