Alberto Cañas

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Miércoles 18 Junio, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Sigo con interés (varias veces lo he dicho) los comentarios lingüísticos semanales en “La Nación” de don Fernando Diez Losada, con cuyas opiniones coincido en nueve de cada diez casos. Quiero echar mi cuarto a espaldas en relación con los verbos aterrizar y alunizar, y el que ahorita se nos viene encima: amartizar. Me parece que el verbo aterrizar no lo derivaron sus creadores del nombre del planeta Tierra en que vivimos, sino de la tercera acepción de esa palabra en el diccionario oficial: “material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural”. Es decir, que los aeroplanos (como se les llamaba cuando se inventó el verbo), tocaban tierra (no Tierra con mayúscula), del mismo modo que los niños “juegan con tierra” y no con el planeta Tierra. Observemos que el diccionario define aterrizar como “posarse un avión sobre tierra firme o sobre cualquier pista o superficie que sirva a tal fin”.

Vistas así las cosas, ha sido un disparate mayúsculo que el Diccionario de la Academia se haya precipitado a incluir el neologismo “alunizar”. Lo que hicieron los astronautas en 1969 fue aterrizar en la luna, puesto que se posaron sobre una superficie que servía a tal fin.

El mismo domingo 15 en la misma “Nación”, dicen que cuatro jóvenes fueron masacrados. Fueron asesinados, quisieron decir. Masacre está entendido como la matanza de un gran número de personas. El diccionario no es muy concreto sobre el particular, pero el uso general en todos los países de habla hispana es ese: muerte de un gran número de personas.

Esto que sigue fue el lunes: en una información sobre el edificio de correos de San José, se afirma que en él existe el Museo Filatélico de Costa Rica de valor incalculable (lo que de él quedó después de 1937 cuando se denunció un gran despojo), que contiene “estampillas nacionales e internacionales”. El valor debe ser realmente incalculable, pues será el único museo filatélico en el mundo que contiene estampillas internacionales. Lo que sucede es que para algunos periodistas nuestros lo que no es costarricense es internacional. Viene un cantante de afuera, es un cantante internacional. En el museo del correo hay estampillas de afuera, son estampillas internacionales. Por favor, señores periodistas, esas cosas son EXTRANJERAS. Lo que no es costarricense, es EXTRANJERO. Internacional es lo que pertenece a varios países.

Y ese mismo día pero en este periódico en que escribo y también hablando de correos, le preguntaron al gerente del Correo, “qué tan preparada está esa institución” para algo. Nuevamente el “qué tan”, disparate mayor que le quieren incrustar al idioma castellano. Normalmente se dice ”cuan”, pero las nuevas generaciones abominan de esa palabra (como abominan de nadie, ni, ninguno y otras), y se refugian en esa invención de los dobladores de películas. Sería más correcto prescindir del “tan” y preguntar “qué preparado está”. Otra manera sería “hasta dónde está preparado”, o “cómo se ha preparado”, o simplemente si está preparado, todo en castellano normal, común y corriente. Estoy seguro de que el periodista que escribió “qué tan”, jamás lo oyó en su casa, a su familia ni en su escuela. Pero lo escuchó en una película doblada, y eso fue suficiente.

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