Alberto Cañas

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Miércoles 28 Mayo, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas


Con satisfacción enorme, casi con emoción, leí el artículo que ha escrito en La Nación en estos días la cantante Maritè Valenzuela, preocupada por el tinte que le están queriendo dar a la noble y hermosa lengua castellana, unas cuantas mujeres que la ignoran, que ignoran su historia, y que no saben (debe ser que salieron de tercer grado) que el género gramatical no tiene ningún parentesco con el género biológico, porque si no fuera así no hablaríamos, pongo como ejemplo, de las tortugas, las águilas, las cebras, las jirafas, las palomas, las focas, las hienas, las mulas y las ballenas, sin que a nadie se le haya ocurrido creer que estamos hablando sólo de las hembras.

Así ha sido y así lo entiende toda la humanidad, puesto que el género gramatical existe en casi todos los idiomas civilizados (absolutamente en todas las lenguas romances), y hasta donde mi conocimiento alcanza, el único donde el género gramatical prácticamente no existe, es el inglés. Incluso hay algunos, como el alemán, que tienen tres géneros: femenino, masculino y neutro. Pero en ningún idioma se está presentando esta cosa que estamos padeciendo aquí, y que no la padecen otros países de habla hispana como alguien podría creer.

Es curioso que mientras eso ocurre, ciertos términos puramente femeninos parecen ser rechazados por la gente interesada. He escuchado a ciertas actrices decir que prefieren ser llamadas actoras, y las poetisas de nuestros días aspiran a que las llamemos simplemente poetas (tal vez luego a los masculinos les querrán decir poetos, uno qué sabe). Así como actriz la quieren desaparecer, cayó en desuso aviatriz, que hasta 1940 más o menos era muy común.

En todo caso, siempre, pero siempre, hemos sabido que palabras terminadas en o como ciudadano, y palabras terminadas en a como artista, incluyen a todos los seres humanos que tienen derecho a ellas. Y lo mismo cuando decimos todos, incluimos a todos, y no hay necesidad de decir eso tan feo y antiestético de “todos y todas”.

Las damas que me leen, saben bien que cuando hablo de mis lectores, están ellas incluidas, porque lo digo en buen castellano. Lo otro, además, es desperdiciar caracteres, en estos momentos en que el número de caracteres es tan importante para la relación entre los columnistas (fíjense bien que no dije columnistos) y el periódico que nos acoge.

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