Alberto Cañas

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Sábado 24 Mayo, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Ahora como que sí va de veras eso de que volvamos a sembrar. El “todos asalariados” que proclamaron nuestros Chicago Boys de olla (digo sólo de olla porque si fueran también de misa habrían oído a los curas pronunciarse contra lo que ellos prohijaron y que, insisto, cierta porción de culpa tiene en la inseguridad que estamos sufriendo), resultó la carabina de Ambrosio que algunos pronosticaron, y ahora hay que echar atrás. Sólo los ríos no se devuelven decía don Ricardo Jiménez. Ojalá que ese río que vamos a devolver no haya perdido su cauce.

¡Qué falta le está haciendo a la generación gobernante haber tenido un mentor como Brenes Mesén, que nos dijo a los de 1939: “las soluciones nunca están en los libros sino en la realidad humana de cada día”. Por eso, nuestra Segunda República nunca tuvo textos sagrados, como tiene la actual las especulaciones dieciochescas de Adam Smith.

A los que están haciendo su agosto en Guanacaste, y a quienes los secundan, les convendría darse una vuelta por Acapulco, para que contemplen el futuro de ciertas explotaciones que nos venden como turísticas.

Sólo debo responderle a don Julio Rodríguez que las prestaciones de los trabajadores de Excelsior, hasta donde mi conocimiento alcanza, las pagó el Banco Nacional, que fue el encargado de liquidar la empresa. Y no me importa decir aquí que, con lo mucho que aprecio a Julio Suñol y me complazco con su amistad, su libro fue una especulación periodística que no demostró nada. Sobre todo esto, me atengo a la versión que sobre la presencia de Vesco aquí me dio un ex funcionario del FBI que estuvo emparentado conmigo y que consigné en mis memorias. En todo caso, no me importa Vesco, que hasta donde yo sé aquí tuvo el cuidado de no estafar a nadie, pero sí me importa el periódico que orgullosamente condujimos José María Penabad, Enrique Obregón y yo. Punto final.

Punto final no. Califiqué de himmleriana cierta actitud, porque en mi lejana juventud se atribuía a Heinrich Himmler el de la Gestapo y no a Josef Goebbels el de la propaganda, la frase de que “con una persona que crea la mentira cada vez que se profiere, es suficiente”.

Y finalmente, creo que la prostitución del Barrio Otoya, uno de los más bellos sectores de la capital, puede detenerse. Es cuestión de no otorgar allí patentes de licor, y de paso cumplir la prohibición de que existan tabernas en los alrededores de las escuelas (el Edificio Metálico y la Perú se van a ahogar en guaro y prostitutas). La Municipalidad de San José tiene la cazada en la mano.

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