Alberto Cañas

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Miércoles 14 Mayo, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

El domingo pasado no le dijimos adiós al estadio nacional que construyó don Julio Acosta, sino al parque de La Sabana, que el monumental mamotreto que van a edificar allí (y bautizarán ya se sabe con cuál nombre) convertirá en un parqueo. ¡Con lo que nos costó a los que queríamos un parque para todos los habitantes de la ciudad derrotar a los que proclamaban a gritos “La Sabana para el deporte y mandaban a talar los árboles que sembrábamos! Tal vez estos crean que han ganado la partida, pero la verdad es que ahora será “La Sabana para el parqueo”. Lamento que don Guido Sáenz no haya salido a defender lo que construyó.

Quiero comunicar con enorme entusiasmo, que el Colegio de Periodistas me ha prometido hacerse cargo de la abandonada tumba de Rogelio Fernández Güell, asesinado por los esbirros del dictador, Tinoco. En esa tumba descansan otras víctimas de la infame tiranía, como Carlos Sancho y Marcelino García Flamenco.

También conviene que la avenida central de San José recobre su nombre de avenida Fernández Güell. Cuando yo me criaba, en todas las esquinas de la avenida había placas con el nombre. Lo mismo en la calle central, bautizada con el nombre de Alfredo Volio para evocar al otro héroe de la lucha contra la tiranía. Años más tarde, la Dirección de Tránsito, respaldada por nuestros ignorantes periódicos, decidió llamarla avenida cero y calle cero, y ya el nombre de los dos patriotas va desapareciendo. Ojalá que el alcalde Johnny Araya, que tantas cosas buenas le ha hecho a la capital (aunque entre ellas no figure el cambiarle el nombre a la avenida Monseñor Castro por el inocuo de Unión Europea), ayude a rescatar esos nombres, y coloque las plaquitas otra vez. Avenida Fernández Güell. Calle Alfredo Volio.

Un pequeño deseo, que la nueva administración del Teatro Nacional no varíe la política de la Sala Vargas Calvo, único reducto de buen teatro que nos va quedando en San José.

Nuevamente, y con motivo del fallecimiento de Robert Vesco, sale don Julio Rodríguez a mentir. Dos veces en menos de una semana. Miente don Julio a sabiendas. Insiste en que el periódico Excelsior de Costa Rica, del que orgullosamente fui co-editor, fue fundado por Vesco, Excelsior de Costa Rica fue fundado por Excelsior de México, Istadruts de Israel, el partido Social Demócrata alemán y el partido Acción Democrática de Venezuela. Pero don Julio Rodríguez lleva treinta y cuatro años de estar propalando la mentira de que ese periódico era de Vesco, o fundado por él. La única relación que nuestro Excelsior tuvo con Vesco, fue un momento en que se le solicitó un pequeño préstamo que se le canceló en pocas semanas. Y la única vez que en Excelsior se habló de ese señor, fue cuando alguien del cuerpo de redacción preparó espontáneamente un reportaje sobre él y su familia, que los editores nos negamos rotundamente a publicar, y quien lo escribió, pronto dejó Excelsior para irse a La Nación. Las himmlerianas mentiras de don Julio son ya insoportables, pues jamás ha aportado un solo indicio de que sus mentiras no sean mentiras. “¡Miente que algo queda!, y “Con solo una persona que crea mi mentira me conformo”, parecen ser sus lemas. Mis compañeros editores de Excelsior, Enrique Obregón y José María Penabad son ahora colaboradores de la página que don Julio dirige. Hace mal don Julio en tener allí a semejantes servidores de Vesco… posiblemente los acepta allí porque sabe que ha mentido y que está mintiendo.

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