Alberto Cañas

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Sábado 3 Mayo, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Escribo esto antes del aniversario 101 de la rendición de Walker y de la elección de Directorio en la Asamblea Legislativa, en la que espero reelijan a don Tony Pacheco, que la presidió con responsabilidad, tratándose, como se trata de la Asamblea Legislativa más difícil que el país haya tenido en no sé cuántos años.

Comienzo por decir que el llamado Directorio Legislativo no hace falta y que no es más que una fuente de intrigas y majaderías. Deberíamos copiar el sistema norteamericano, y que la Asamblea la presida, sin voto, uno de los Vicepresidentes de la República, asistido (como en la Asamblea de la ONU) por dos secretarios administrativos y expertos. Los secretarios-diputados no hacen nada útil ni están preparados para hacerlo ni para asesorar las decisiones del Presidente. Las otras funciones del directorio son administrativas y deberían ser desempeñadas administrativamente, o sea por el más alto funcionario administrativo de la Asamblea.

Pero lo que he dicho requiere reforma constitucional, aremos con los bueyes que nos toca, e insistamos en que la Asamblea sea presidida por una persona competente y experimentada. Por eso, la reelección del Presidente debería ser casi automática. Eso de que se pasa por la presidencia de la Asamblea para agregarle un dato al curriculum es un disparate. Estrenar cada año a un inexperto es una tontería.

Digo lo anterior, en mi calidad de ex-presidente de la Asamblea, y agrego que si cuando lo fui me hubiesen propuesto reelegirme, lo habría rechazado vigorosamente. El año que pasé allí fue el año más perdido e inútil de mi vida. Esto, por el carácter personalísimo que tiene, no contradice lo que llevo dicho.

El gran ejemplo de todo es el histórico don Arturo Volio, brillante presidente del Congreso en la década de 1920, no sé durante cuántos años.

Lo que he dicho de la presidencia, lo aplico a las jefaturas de fracción Si los partidos de Costa Rica fuesen inteligentes, o tuvieran conciencia de la importancia de la función que desempeñan, escogerían a sus jefes de fracción por cuatro años, y solo los cambarían cuando haya descontento en la fracción o cuando el jefe renuncia. Actualmente los partidos le ponen precio a la experiencia. Y en cuanto alguien comienza a saber manejar su puesto, lo cambian. En el PAC estamos muy satisfechos de que Elizabeth Fonseca haya aceptado ser Jefe de Fracción dos años y habríamos querido que siguiera.

Mis dos experiencias legislativas me autorizan a decir lo que he dicho. En el período 1962-1966, tanto el Jefe de Fracción del PLN (este servidor de ustedes), como los de los partidos de oposición: don Virgilio Calvo del calderonismo y don Francisco Ruiz del ulatismo, funcionamos los cuatro años, y por supuesto aprendimos a entendernos casi que por señas, y llegábamos a acuerdos o a desacuerdos con suma rapidez, y en el caso de los desacuerdos me tocaba buscar la fórmula que la oposición aceptaría.

Para el periodo 1994-1998, todo había cambiado. Los del PLN habían dispuesto quienes serían los cuatro presidentes de la Asamblea (y la decisión de José María Figueres de que fuera un veterano de su padre quien le diera posesión del cargo provocó una tempestad). Algo así ocurría con la jefatura de fracción. La cambiaron cada año, y cada año hubo que entrenar un novato. En algún caso me pidieron me cambiara de curul y me sentara contiguo al jefe, para que lo asesorara en decisiones rápidas. Cosas así. Se me acaba el espacio. La consideración final queda para la próxima.

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