Alberto Cañas

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Sábado 12 Abril, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Ya ha aparecido el Diccionario de la Literatura Centroamericana, obra sumamente necesaria. Lamentablemente debo señalarle una inconveniencia en lo que concierne a Costa Rica, y es que a los escritores costarricenses no se les ha incluido (como sí a los de lo otros países centroamericanos), con su nombre literario (o nom de guerre que dicen los franceses), sino con sus nombres legales y dos apellidos. Claro que autores como García Monge, Brenes Mesén, Fernández Guardia, Dobles Segreda, Herrera García, Elizondo Arce, Marín Cañas y Salazar Herrera, usaron sus dos apellidos como nombre literario. Pero a un extranjero que quiera saber sobre Lisímaco Chavarría le será muy difícil saber cómo debe buscarlo (¿Conoce usted, querido lector, el apellido materno de Lisímaco? Yo lo ignoro) y que debe buscar a Fabián Dobles como Dobles Rodríguez, Todo el mundo buscará a Miguel Ángel Asturias como Asturias a secas que es como él firmó sus libros, y lo encontrará fácilmente. En lo que atañe a mi persona, lamento que se limitaron a copiar lo que cierto extranjero no muy aficionado a las letras costarricenses redactó alguna vez para la solapa de uno de mis libros, y que, según creo, poco tiene que ver con ellos.

No deja de ser satisfactorio que por fin la Asamblea Legislativa haya despachado la ley que establece la banca de desarrollo dentro de la banca nacional. Todo es cuestión de que se deshagan de esa agenda monomaníaca que ha tenido amarrados a los diputados, y de la que dichosamente lograron los de oposición eliminar la privatización de los teléfonos fijos y que la Sala Cuarta declara inconstitucional el intento de castigar con prisión el “bajar” un disco o una película de la TV o de la computadora. Por supuesto todo esto fue calificado como obstrucción por los adoradores del becerro de oro.

El otro día afirmó en esta misma página Arnoldo Mora, que el bloque latinoamericano pro-Washington de la actualidad lo integran El Salvador, Colombia y Costa Rica, mientras el resto de la América Hispana se hace a un lado. Al mismo tiempo el senado de los Estados Unidos se niega a ratificar el TLC de su país con Colombia, como perjudicial para los intereses de los trabajadores norteamericanos.
¿Estará nuestra clase dirigente viviendo en un mundo de fantasía ajeno a lo que en realidad sucede en este hemisferio? Admitamos que la visión de don Arnoldo sea exagerada, pero no podemos dudar de que emana de una observación de la realidad. ¿Van a seguir los Estados Unidos siendo lo que han diseñado Reagan y los Bushes? Van a seguir buscando, mediante tratados o por otros medios, la manera de que la América Latina absorba los excesos de su producción industrial no colocables en casa ni en Europa, Asia ni África y que si no se colocan pueden llevar a ese país —y de refilón al mundo— a otro 1929?

Los demócratas, señaladamente Obama, y más tímidamente Hillary Clinton, anuncian un viraje político tendiente a proteger al norteamericano común y corriente de la calle y la clase media antes que al supermultimillonario que ya no sabe qué hacer con el dinero ni explicar para qué necesita más. Nuestra clase dirigente se ha excedido en sus aquiescencias a las necesidades de los tycoons. No sé si los aspirantes demócratas a gobernar a los Estados Unidos el año entrante serán una especie de sucesores de Franklin Roosevelt con un New Deal bajo el brazo que se pondría en práctica antes de que sea indispensable. Pero la historia tiende a repetirse. Y más seguramente se les repite a quienes se empeñan en ignorarla.

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