Alberto Cañas

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Miércoles 2 Abril, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

La renuncia, despido o como se llame esa cosa que protagonizó el ministro de Seguridad don Fernando Berrocal, era absolutamente inevitable, y si este nuestro fuera el país civilizado y políticamente desarrollado que pretende ser, se habría tenido que producir el día mismo en que dio declaraciones imprudentes a la prensa, revelando la existencia de algo, que debió ser total y absolutamente secreto y lo habría sido en un país verdaderamente civilizado y desarrollado, gobernado por personas competentes.

Aún más: el decomiso de dineros en una casa de Santa Bárbara de Heredia debió hacerse sin revelar cómo le había llegado al gobierno la información sobre ese escondrijo. Un secreto de estado es un secreto de estado, y sería bueno que el Gobierno declarara, mediante decreto ejecutivo (no por tardío menos necesario), que lo que imprudentemente se reveló que había venido de Colombia, es un secreto de estado. Así se elimina la posibilidad de que, como se ha dicho y se teme, vaya el señor Berrocal a la Asamblea Legislativa a contar más historias y a revelar más pormenores.

Y es que no hay nada peor que la gente que se entera de un secreto y en el afán de que el prójimo se entere de que tiene un secreto, termina por propalarlo.

Nadie, absolutamente nadie debió enterarse de que el gobierno colombiano había proporcionado algo al gobierno de Costa Rica. Y con esto, punto final.

Me preocupa algo que había dejado de preocuparme en 1948, y que antes de 1948, durante los gobiernos de León Cortés, Calderón Guardia y Teodoro Picado, fue moneda corriente: la existencia de candidatos oficiales. Me preocupa que en todos los círculos y en todos los tonos se diga que el Poder Ejecutivo ha escogido a la vicepresidenta Laura Chinchilla, como la candidata oficial para el 2010. La expresión candidato oficial la había hecho desaparecer la revolución del 48... y, como tantas otras barbaridades que desaparecieron entonces, está sacando otra vez las orejas, el rabo y lo que se ubica debajo del rabo.

Hay dos cosas cuya insistencia puede sacar de quicio a cualquiera: la afirmación de que alguna resolución de la Asamblea Legislativa requiere 29 votos, y el empeño de escribir la combinación inglesa ght, como gth. Por favor, que los que se empeñan en hablar inglés y escribir en inglés, por lo menos aprendan a hacerlo.

Mucha gente no se explica lo que juzgan un cambio de línea en la diputación del PAC respecto a las llamadas leyes complementarias. La verdad, según la veo, es que el PAC estima que el Tratado Comercial con los Estados Unidos es perjudicial, y que es preferible que sus consecuencias negativas se sientan lo más pronto que se pueda, y sean palpables cuando llegue la elección presidencial del 2020. Elementary, my dear Watson.


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