Alberto Cañas

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Domingo 30 Marzo, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Regreso de un breve viaje de interés familiar a los Estados Unidos, y puedo contar con satisfacción que pude escuchar el estupendo discurso que el senador Obama pronunció en relación al escandalito (muy a la tica por cierto) que intentaron hacerle por declaraciones altamente explosivas de un sacerdote que ha sido su capellán.


Confieso que pocas veces en mi vida he escuchado un mejor discurso ni un orador más efectivo y convincente que Obama. Y estoy coincidiendo con lo que pude captar de la opinión pública norteamericana: el New York Times lo comentó editorialmente, y en su comentario prodigó alusiones a Abraham Lincoln, a Franklin Roosevelt y a John Kennedy, y un columnista del Washington Post, cuyo nombre no apunté y he olvidado, dijo que más que a un candidato, sintió que estaba escuchando a un presidente.


No hay duda de que grandes sectores norteamericanos (los hispánicos, los afro-americanos, los jóvenes) han convertido a Obama en su esperanza. Y me parece que algo similar está sucediendo en el resto del mundo, que siente una nostalgia enorme por aquellos Estados Unidos generosos y democráticos de 1945, esperanza verdadera de la humanidad, y que tras las agresiones a Guatemala en 1955 y a Chile en 1973, adquirieron rápidamente a partir de 1981, conciencia (o inconsciencia) de imperio propietario del mundo, y parecen andar buscando guerras donde las haya… o donde no las haya.


Es sumamente satisfactorio que algún departamento del Ministerio de Cultura haya emprendido la reposición de Estación de Sueños, notable pieza teatral de Melvin Méndez que recibió un merecidísimo premio Aquileo Echeverría cuando todavía ese premio no se había choteado como lo está ahora por culpa de jurados incompetentes o irresponsables.


Méndez, junto con Ana Istarú y Jorge Arroyo, conforma la tripleta de más destacados dramaturgos en su generación, y aunque no siempre sus obras han sido objeto de la producción de primera línea que merecen, han logrado darse a conocer y hacerse aplaudir. Estación de Sueños (más una trilogía de piezas breves con escenario común, que una obra cerrada), fue objeto de un estreno decoroso y aplaudido en la Sala Vargas Calvo, y es bueno que regrese a los escenarios, ojalá por una larga temporada, y ojalá que la hagan viajar por todo el país como se acostumbraba antaño.


A La Machaca quiero recordarle que en la Asamblea Legislativa no hay más que dos maneras de aprobar algo: o 38 votos o mayoría de presentes. Esos 29 votos que La Machaca citó ayer, no existen en ninguna parte.


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