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China debe hacer cambios audaces

William Pesek
Comentarista de Bloomberg

China tiene la inflación más alta en 10 años. ¿Y qué esperan los economistas que hagan las autoridades en Pekín? Subir las tasa de interés un poco.
Reconozcamos que los economistas tienen razón. El Banco Popular de China tiende a avanzar muy lentamente: a 0,18 o 0,27% por vez. Su preferencia por tales incrementos en vez de, digamos, 25 puntos básicos tiene que ver con el calendario chino, las supersticiones y ese antiguo aparato de cálculos aritméticos conocido como ábaco.
Ahora bien, la próxima vez que China suba la tasa referencial de los préstamos, uno se pregunta si no debiera agregar un cero al incremento de punto básico que sea.
Eso no va a suceder, claro está. El Partido Comunista no permitirá de ningún modo que las tasas de corto plazo se suban en 270 puntos básicos, aun si es lo que China necesita. Tales medidas, y una serie de otros audaces cambios, hacen falta para tomar las riendas de la cuarta economía del mundo, una de la que el mundo depende cada vez más.
El mayor error que el banco central de China está cometiendo es creerse semejante a la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco Central Europeo.
En las economías muy desarrolladas y con unos mercados de deuda líquidos, transparencia y un banco central independiente, los cambios de 25 puntos básicos tienen importancia. En una economía en desarrollo, inmadura, como la de China, los cambios pequeños apenas importan. El gobernador del banco central chino, Zhou Xiaochuan, dijo ayer a China Business News que “combatir la inflación es nuestro objetivo”. De ser así, está fracasando en su trabajo.
Los precios al consumidor subieron 6,5% en agosto respecto de un año antes, tras haber ascendido 5,6% en julio. El costo de los alimentos fue la causa principal de la subida, al dispararse un 18,2% porque una escasez de cerdo encareció la carne de vacuno y de aves de corral.
Los dirigentes del Partido Comunista, que se están preparando para celebrar un congreso quinquenal el mes próximo, tienen motivos para temer que la inflación de los alimentos conduzca a unas subidas más generales de los precios y por tanto a disturbios sociales en la nación más poblada del mundo. Después de todo, la inflación fue una de las causas de los alzamientos de la plaza Tiananmen en 1989.
Esto ya no es cuestión de calmar a los mercados, sino de evitar que China se descarrile. China necesita acometer en serio la tarea de aminorar el ritmo de crecimiento y enfriar los mercados de activos.
China alegará que precisamente está haciendo eso. Aparte de las subidas de tasas, el encaje legal de los bancos se ha elevado siete veces este año. El Gobierno está estudiando medidas adicionales para enfriar la especulación en los mercados de acciones e inmuebles. También está abriendo canales de salida del capital para aliviar las presiones al sistema monetario.
Aun así, China podría estar subestimando los riesgos que un recalentamiento conlleva. Para evitar que los ciudadanos vuelvan a concentrarse por miles en la plaza Tiananmen exigiendo cambios, China debe crear millones de empleos. Con todo lo que dicen sobre enfriar la economía, un crecimiento más lento puede ser lo menos que los dirigentes chinos quieran de verdad.
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