Juan Manuel Villasuso

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Martes 12 Mayo, 2009


Dialéctica
China y la reactivación económica

En opinión de muchos analistas nos encontramos en la fase más profunda de la crisis y es probable que en los próximos meses el desempleo continúe aumentando, el consumo se mantenga estancado y la inversión privada siga retraída por falta de estímulo.
Como en ciclos económicos anteriores, después de esta etapa depresiva, cuya duración nadie se atreve a pronosticar, vendrá un proceso de reactivación, que podrá ser lento o acelerado, dependiendo de las medidas que se tomen, especialmente en las economías que actúan como motores del sistema económico mundial.
Hasta hace pocos años, Estados Unidos, Europa y Japón eran los principales protagonistas del dinamismo económico global. Su desempeño marcaba al resto de los países. Pero eso ha cambiado. Estados Unidos sigue siendo estrella pero hay un nuevo actor que ahora comparte el papel estelar: China.
El historiador económico Niall Ferguson, profesor de la Universidad de Harvard, investigador del Hoover Institute y columnista del Financial Times, sostiene que la clave para superar la actual recesión económica hay que buscarla en la alianza entre Estados Unidos y China, lo que él denomina Chiamérica.
En conjunto, ambos países representan algo más de un décimo de la superficie del planeta, un cuarto de su población, un tercio del PIB mundial y la mitad del crecimiento económico. China produce, cobra barato por lo que vende y gran parte de lo que gana lo ahorra. Estados Unidos hace el resto, es decir, consume y se endeuda.
En los últimos años la República Popular China ha tenido un acelerado crecimiento y ha sido una de las principales fuentes de financiamiento del enorme déficit fiscal y comercial de Estados Unidos. Esto ha sido posible debido a la acumulación de reservas que el país asiático ha logrado proveniente de un comercio exterior excedentario. Se estima que el año pasado el superávit en el intercambio de bienes y servicios fue de aproximadamente $250 mil millones.
De acuerdo con Ferguson, la crisis económica ha generado importantes cambios en las relaciones geopolíticas y ha evidenciado fenómenos que podrían considerarse como auténticas paradojas.
Como ejemplo de lo primero se cita el primer viaje de Hillary Clinton como secretaria de Estado, que visitó China con el propósito de "mejorar la coordinación entre ambos países en la lucha contra la crisis económica global y desarrollar la cooperación en materia de finanzas, recursos energéticos y medio ambiente”. Nunca antes un gobierno estadounidense le había concedido tan alta prioridad a Pekín.
En cuanto a la paradoja, consiste en que China, que reclama estatus de economía de mercado pero se define como país socialista, es la principal fuente de recursos para adquirir la creciente deuda pública de la más connotada economía capitalista del mundo, Estados Unidos. Esto se debe a que el nivel de ahorro estadounidense es en la actualidad prácticamente cero, mientras que en China se aproxima al 45% del PIB.
Esta simbiosis, consecuencia de las importantes coincidencias que existen entre los intereses de Estados Unidos y China en el corto plazo, constituye un factor de extraordinario peso para una reactivación más rápida de la economía mundial.
Sin embargo, en un horizonte más largo la alianza entre las dos superpotencias tendrá que superar escollos significativos, especialmente los relacionados con el tipo de cambio y la utilización del dólar como moneda de reserva, que incidirán en la supremacía económica.