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En los últimos años China se ha convertido en un socio molesto para Estados Unidos, o al menos eso parece.

La actual batalla comercial esconde algo más en sus entrañas, que es la guerra por el liderazgo tecnológico, algo de lo se está hablando poco, pero que al unir las piezas del rompecabezas comienza a entenderse.

La prohibición que impuso EEUU de vender tecnología a la empresa china ZTE y la actual medida de restringir las visas para estudiantes chinos en sectores como robótica, aviación y alta tecnología, conforman la punta del ovillo.

Estados Unidos no quiere competencia en el sector que lidera y es lógico en este contexto, China crece y comienza a hacerle sombra. En el congreso de inteligencia mundial realizado hace un mes en Tianjin quedó claro: la potencia asiática quiere ser independiente y líder en tecnología. Pero todavía está lejos, y para alcanzar esto debe contar con los cerebros mejor capacitados, que hoy, en su mayoría migran a Estados Unidos.


El rompecabezas


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China quiere ser líder en un área copada por Estados Unidos, tarea nada sencilla.

Por eso es que tiene un plan, que forma un rompecabezas del cual muestra las piezas pero no el modelo terminado: Una mega ciudad inteligente y ecológica abierta a la migración joven, la continua capacitación de estudiantes en idiomas, los proyectos de impulso a la inteligencia artificial y programación en las escuelas y colegios, las invitaciones de periodistas y diversos especialistas a conocer y capacitarse en el país en sus ramas.

A medida que se unen las piezas la imagen se va formando: China busca ventajas comparativas y absolutas en el campo de la tecnología y, sobre todo, en la inteligencia artificial, que es lo que ya está, pero también lo que viene. Es la nueva revolución industrial y es la tecnología que liderará el mundo. Quien tenga la llave del control tendrá la llave del mundo.

Hoy China corre detrás de Estados Unidos. La principal potencia mundial no solo cuenta con las principales empresas en la rama (Google, Apple, Microsoft, Foxcomm, etc.) sino también con ventajas comparativas a la hora de atraer “capital” humano: un idioma más amigable, fácil de aprender y universal y toda una serie de atracciones que nos son familiares, generadas por años de presencia cultural.


El cambio en el modo de producción


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Cuando China decidió que abriría su economía lo hizo con una idea que todavía persiste: desarrollar la economía de la manera que sea, dejando de lado la discusión entre izquierda y derecha, (pero no la de proteccionismo y libremercado).

El país asiático tomó de los viejos apuntes de Lenin y Marx la idea de que para repartir primero hay que tener, y entendió, luego del fracaso de la Unión Soviética, que dadas sus ventajas comparativas (un enorme mercado y una población gigante) lo mejor que podía hacer era abrirse al mundo.

La necesidad principal era la llegada de capital, empresarios con dinero fresco para invertir, poner fábricas, crear numeroso empleo en poco tiempo y, a la vez, con los ingresos que fueran quedando en el país, modernizarlo, con infraestructura que generara aún más trabajo y crecimiento.

El hecho de tener un mercado de 1.400 millones de personas con ingresos crecientes y a la vez que signifique mano de obra de bajo costo, es el mayor atractivo para cualquier empresario, por lo que China pudo también imponer condiciones a la hora de aceptar el entrada de capitales, como exigir transferencia de conocimiento y tecnología, algo que países más pequeños como Costa Rica, Argentina e incluso Brasil no han logrado, pese a tener empresas de alta tecnología produciendo en sus países (Una cuestión que Estados Unidos ha vuelto a reclamar recientemente).

El capital no tiene idioma. Su única lengua es la de reproducirse, y donde sea que eso sea posible lo hará, no importa si el negocio debe hacerse en chino, inglés o suahili.

Pero este modelo de crecimiento ha llegado a un límite y hoy la pelea es por tecnología, en sectores donde lo que se necesita ya no es mucha mano de obra poco calificada, sino poca mano de obra muy calificada.

China ya tiene el capital acumulado necesario para impulsar grandes proyectos, de lo que carece es de suficientes cerebros para liderar el mercado.

Estados Unidos tiene el mismo problema y lo soluciona con inmigrantes. El sector de alta tecnología es tan estratégico, que en el anuncio de recortes y reformas de las famosas “Green cards” de hace unos meses, se aclaró que no afectaría a los sectores de alta tecnología.


El “capital” humano, la clave


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En los últimos párrafos está la clave del apuro chino por abrirse al mundo.

Y es que el tiempo apremia. Los cambios en la tecnología son cada vez mayores y la IA es la nueva bomba, como lo fue internet en su momento: cambió la forma de hacer negocios, de comunicarse, de producir, de vender. Hoy todo eso vuelve a aparecer y quienes tienen las capacidades para sobresalir tienden a migrar a Estados Unidos.

El capital humano se maneja con códigos distintos al de la acumulación porque, al fin y al cabo, no es capital por más que nos metan el concepto en la cabeza, sino que se trata de materia humana.

Y la lógica humana, pese a que todos somos diferentes, tiene rasgos comunes: queremos vivir en un lugar bonito y limpio, tener altos ingresos, destacar, estar cómodos, cerca de los que queremos y poder relacionarnos con lo que nos rodea.

Por eso es que la potencia asiática corre para ser atractiva, para mostrarse al mundo. Por eso impulsa una megaciudad ecológica hermosa y donde todos querríamos vivir. Por eso impulsa a su población a estudiar idiomas. Por eso invita a políticos, periodistas, deportistas y otras personas a conocer el país, para que podamos decir: “Ey, China no es todo lo malo que te han contado, China tiene muchas cosas buenas y está haciendo las cosas bien para ser la potencia que pretende ser. Es un lugar en el que podría vivir”

Pero ojo, no se trata de cualquiera, no se trata de subirse a un avión y decir “vengo a colaborar”. No, ellos invitan y tienen las puertas abiertas a quienes realmente les sean de utilidad para su proyecto.

El gobierno chino no da puntada sin hilo.


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