Carlos Denton

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Miércoles 29 Agosto, 2007

Cero tolerancia

Carlos Denton
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El ex alcalde de Nueva York y ahora precandidato presidencial, Rudolph Giulliani, fundó una empresa de consultoría que asesoraba a los gobiernos regionales estadounidenses y algunos latinoamericanos, en cómo combatir el crimen en las ciudades modernas. Cuando fue Giulliani alcalde de esa ciudad estadounidense redujo la tasa de criminalidad en un 75% en tres años.
Giulliani cobró $100 mil por un discurso y su empresa cobró mucho más a la alcaldía de la Ciudad de México para darle la receta que reduce drásticamente al crimen. A ustedes los lectores de esta columna, se les va a dar la receta por lo que les costó la suscripción a LA REPUBLICA. Se reduce el crimen en cualquier lado del mundo cuando hay “cero tolerancia” frente a los delincuentes de todos los niveles.
Roba un muchacho arrancando una cadena que vale ¢5 mil —a la cárcel. Una muchacha es encontrada robando una blusa en una tienda —detenida y fuertemente multada. Los hombres o mujeres “squeegee”, que limpian parabrisas en un alto cuando el chofer no lo autoriza —detenidos y multados. Giulliani retomó las calles de Nueva York, y se convirtió en el edil más popular en décadas por haberlo hecho.
Aquí en Costa Rica, donde el que roba menos de ¢250 mil en efectivo o en artículos es soltado automáticamente, es lo opuesto. El sistema judicial, y es importante señalar que no la policía, ha determinado que las cárceles están muy llenas y los tribunales no tienen el presupuesto para manejar delitos de menos de ese monto. Aquí si el hombre “squeegee” amenaza que le va a romper los vidrios si no le paga por la limpieza, ni vale la pena poner una denuncia.
Con esto de lo que ocurre en los semáforos hay una solución más rápida —la policía de tránsito tiene que quitar de las calles todos los vendedores, pordioseros, hombres “squeegee” y pregoneros porque ponen en peligro la vida de ellos mismos y de los motoristas. Hay más de un semáforo donde pasan hombres o mujeres en sillas de ruedas entre los vehículos pidiendo limosnas—¡no es aceptable! ¿Qué ministro se atreve a tomar la decisión?
Alguien podría argumentar que el recorte de los pequeños abusos no alivia los crímenes serios. Al contrario —los homicidios se redujeron en un 50% durante la época de Giulliani. Se encontró que cuando la autoridad es permisiva a un nivel, como ahora es la situación en Costa Rica, crea un ambiente de descontrol y desdén frente a la autoridad. Cero tolerancia se aplica a todos los niveles y frena todos los delitos.
Cuando Giulliani instituyó su programa hubo muchas protestas de grupos que apoyan los derechos humanos, de grupos étnicos y de otros que decían que lo que hacía el alcalde era discriminatorio y que estaba estableciendo un estado autoritario. Sí hubo algunos abusos, pero se aplicó la ley ciegamente, como debe ser en Costa Rica, y rápidamente se encontró que la mayoría absoluta apoyaba el programa.
El hecho de que Costa Rica es un país de vocación pacífica no implica que implementar “cero tolerancia” vaya en contra de la cultura nacional. Es todo lo contrario —las calles, los parques, las bellezas naturales, el derecho de estar en la casa sin molestias— es el derecho de los habitantes honestos. Si no se reprime a los criminales de pequeñas cuantías, pronto se pondrán más ambiciosos.