Arnoldo Mora

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Viernes 12 Septiembre, 2008

Celebrar nuestra Independencia

Arnoldo Mora

Al actual se le llama en Centroamérica “el mes de la Patria” debido a que el 15 de setiembre de 1821 llegó a Guatemala, capital de la Capitanía General y procedente de México, la noticia de la declaración de la independencia, es decir, del fin del régimen colonial que por más de tres siglos había impuesto la corona española en todos estos inmensos territorios de lo que hoy llamamos “América Latina”. En una fecha como la mencionada, comenzamos a recorrer los senderos de la historia por nuestros propios pies, a ser nosotros mismos y a ser reconocidos como tales por los otros pueblos de la tierra. Es algo así como la fecha en que nacimos o fuimos dados a luz como nación libre y soberana.
Y por supuesto, tal acontecimiento es digno de ser recordado y celebrado, de la misma manera que lo hacemos cada año el día de nuestro cumpleaños y el de nuestros seres queridos. Pero hay mil maneras de conmemorar una fecha que nos es especialmente significativa. Se puede recordarla con nostalgia o tristeza, se puede hacerlo con el goce de sentirse sano física y emocionalmente; se puede asumirla de manera casi filosófica, es decir, reflexionando sobre lo que han significado para lo que hoy somos, todas y cada una de las etapas de la vida.
Todo eso que solemos hacer respecto de nuestras existencias particulares, lo debemos hacer en relación a nuestra propia patria, sobre todo tratándose de un país pequeño donde las viejas familias que lo componemos nos sentimos como si todos fuéramos parientes o, al menos, viejos conocidos. La historia de nuestra patria es un poco también la biografía de nuestras familias; la sangre de nuestros antepasados sigue corriendo en nuestras venas ya que no pocos de ellos han dejado sus huellas en los acontecimientos más significativos que llenan las páginas de nuestra historia. Si esa es nuestra actitud al conmemorar una efemérides como esta, considero que es una manera digna y afectiva de hacerlo.
Pero también podemos y debemos asumirla como un reto personal y colectivo. Considero que es un deber patrio ver a nuestros antepasados, no como gente que ya murió, sino como quien sigue con vida en el pensamiento y en las obras que nos legó. Costa Rica no es un invento de esta o de recientes generaciones, sino un legado de muchas otras cuyo ejemplo y cuyos ideales siguen siendo vigentes, como vivo sigue estando en nuestras mentes y corazones el ejemplo que nos dieron y las enseñanzas que nos legaron. En un periodo de nuestra historia como el actual, que es dramáticamente crítico en razón de que nuestra institucionalidad republicana se ve socavada hasta en sus mismos cimientos y en que no hay día en que en las páginas y espacios informativos de los medios de comunicación no se den noticias sobre escándalos de corrupción, que involucran a personas e individuos, tanto públicos como privados, incluso de instituciones de las que el pueblo espera habitualmente una guía espiritual y un testimonio permanente inspirado en los más altos valores, el asumir como un reto personal y colectivo el legado de nuestros prohombres es hoy más que nunca, la única manera digna y patriótica de celebrar el 15 de Setiembre.