Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 8 Abril, 2011


Carter en Cuba


He estado un par de semanas esperando leer las reacciones en torno a la última vista de Jimmy Carter, ex presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz, a Cuba. Hoy me referiré a ella porque considero que no debe pasar inadvertida a pesar del cúmulo de noticias que a diario recibimos. En mi opinión, esta visita constituye un hito histórico en las, hasta ahora, conflictivas relaciones de ambos países. Quizás este relativo silencio se deba a que no es la primera vez que Carter visita la isla. Ya lo había hecho en 2002; esta vez, al final de una emotiva entrevista en la televisión cubana, prometió volver lo más pronto que pueda con toda su familia que, según dijo, se compone de 36 miembros.
Esta visita se hizo en días muy cercanos al periplo que llevó a cabo el actual presidente norteamericano Barak Obama a tres países de Nuestra América. Ambos dirigentes son miembros destacados del partido demócrata. Ambos han hecho gestos de acercamiento hacia el gobierno de La Habana, si bien en circunstancias muy diferentes. Carter lo hizo en plena guerra fría y fue mucho más lejos que el actual mandatario que, pese a sus promesas, tan solo se ha limitado a hacer gestos muy tímidos, en momentos en que Cuba emprende la más profunda reforma en los campos económico y político de su medio siglo de gobierno revolucionario.
La importancia de la iniciativa diplomática de Carter merece destacarse por su valentía y lucidez, dado que los demócratas acaban de perder la mayoría en la Cámara Baja del Capitolio y los republicanos más reaccionarios asumen la Comisión de Relaciones Internacionales; por lo que las conflictivas relaciones entre Washington y La Habana sin duda seguirán siendo vistas bajo la desacreditada y fracasada óptica de antiguos batistianos con gran poder en el partido republicano. Por su parte, Obama debería entender que la manera como asuma las relaciones con La Habana está en la mira de todo el continente y tiene mucho que ver con una relación respetuosa y en conformidad con los principios del derecho internacional. Ni Cuba ni ningún gobierno latinoamericano pide que los políticos norteamericanos comulguen con sus ideas y políticas, de la misma manera que ellos los norteamericanos tampoco pueden exigir que nuestros países acepten acríticamente todo lo que hacen en la región y en el mundo. El respeto irrestricto al derecho internacional deber ser la única norma que regule las relaciones entre naciones soberanas.
Es por eso que debe acabarse el criminal y obsoleto bloqueo contra Cuba, que no solo perjudica al pueblo cubano, sino también contraría la voluntad soberana del pueblo norteamericano que, en su gran mayoría, quiere normalizar la relaciones entre ambos países. De manera particular, las leyes Helms-Burton y Torricelli constituyen una brutal y fragrante violación al derecho internacional denunciada por todas las naciones del mundo, incluidas las europeas. Hay, sin embargo, dos hechos que han enturbiado los intentos recientes de acercamiento entre ambos países. Me refiero al juicio que se lleva a cabo contra el confeso y reconocido terrorista Posada Carriles, al que solo se acusa de nimiedades migratorias, en contraste con la condena amañada y denunciada por Carter, que se sigue contra cinco cubanos, acusados de terrorismo cuando solo buscaban evitar que las acciones criminales contra su pueblo continuaran. Carter lo ha dicho con firmeza; incluso se ha comprometido a decirle a Obama que esos cinco patriotas cubanos deben ser indultados, dado que solo el Presidente, según las leyes americanas, puede hacerlo. Un gesto de esta naturaleza demostraría que Obama tiene algo más que retórica para enfrentar positivamente las relaciones con toda la región.

Arnoldo Mora