Macarena Barahona

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Sábado 4 Abril, 2009

Cantera
Cartagadas

Macarena Barahona

Iniciamos la Semana Santa, cuando los creyentes reflexionan en ritos y cofradías, los pasajes bíblicos anteriores a la crucifixión de Jesús, su muerte y resurrección.
Otros permanecen en una actividad al mínimo, convocados todos por el liderazgo de la religión católica y lo histórico de la trascendencia de la fe cristiana hasta nuestros días en nuestras culturas.
Esa historia en que lo permitido era bajo la única tutela de la Iglesia católica, amalgamada con los otros poderes.
Nuestros antepasados coloniales habrán creado mil y una fantasías de contrabando de ideas y mercancías, de reuniones y rituales, provocando medidas inquisitoriales, represiones, amenazas, persecuciones a quienes osaron moverse más libremente que lo permitido por los únicos poderes.
Libertades de criterio, de opinión, de pensamiento y hasta de fe, lograron siempre, hasta nuestros días, aumentar y provocar con solo el pensamiento, profundas amenazas a lo establecido y defendido en los poderes absolutistas.
Siendo la Ciudad de Cartago la primera sociedad colonial costarricense, las cartagadas habrán sido creaciones fecundas de sus habitantes; siempre ávidos tanto del deber ser, como el de superar tanta estrechez de moral y de espíritu de súbditos.
Esta dialéctica de nuestros antepasados, donde clérigos y anticlericales, liberales independentistas y fanáticos de Imperios en declive, mujeres valerosas y soberanas, devotas y misericordiosas, pensadoras y pensadores, libres creadores de filósofas y mascaradas, músicos religiosos y cantantes, agricultores solitarios, maestras y maestros insignes, escritores de opinión y belicosos ciudadanos y ciudadanas, cada uno y cada una, con su profunda cartagada en las profundidades de su alma.
La lucha constante, que pasen los nublados del día, porque la lucha de oponentes, siempre ha marcado la pauta del quehacer de los cartagineses.
Aman sus Ruinas de Santiago Apóstol, a la vez que hay otros que conforman comités para demolerlas, aman su pasado y destruyen su patrimonio arquitectónico.
¿Que es ser una cartagada, en el plenario de la Asamblea Legislativa? ¿Ser lo que no se sabe, lo que está por descubrir, lo que permanece a oscuras y se devela lentamente, o la impresión de lo evidente, lo que sabemos y no nos atrevemos a mencionar?
De prejuicios y malentendidos vivimos, pero, siendo más libres de pensamiento y sin ser políticos, proveamos nuestros discursos con más certezas y creamos más en lo mejor de nuestros antepasados, ya libres, tal vez de las propias cartagadas y de poderes absolutistas.