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Carnaval macabro

Tarde pero seguro, se estrena en Costa Rica la polémica ópera prima del músico y cineasta Rob Zombie

La casa de los mil muertos
(House of 1.000 Corpses)
Dirección: Rob Zombie. Reparto: Sid Haig, Bill Moseley, Sheri Moon, Karen Black.
Duración: 1.28. Origen: EE.UU. 2003. Calificación: 6.

“La casa de los mil muertos” fue uno de los estrenos más esperados de 2003, por lo menos entre los aficionados al terror. Mucha expectativa había surgido alrededor del debut directoral de Rob Zombie, cantante y líder del grupo de rock metálico White Zombie. El rechazo de la compañía Universal, que se negó a distribuir el largometraje, incrementó aún más su fama.
Cuando finalmente llegó a ser exhibida, “La casa de los mil muertos” se convirtió de inmediato en una película de culto, generando opiniones encontradas: algunos la alabaron como una pequeña obra maestra, otros la despedazaron sin piedad. Y como sucede a menudo, la verdad está en el medio.
No se trata de una genialidad, ni de un subproducto desechable. Es una propuesta diferente, nostálgica y autoirónica, que rinde homenaje a los años 70, como una era dorada para el cine de los escalofríos. Envuelta en una atmósfera grotesca, al estilo de un carnaval macabro, esta realización anómala se inspira directamente en clásicos de esa época como “La masacre de Texas” (1974), de Tobe Hooper, y “Despertar del diablo” (1977), de Wes Craven. Ambos filmes han sido objeto de numerosas imitaciones: secuelas, refritos y secuelas de refritos, todas caracterizadas por una calidad que va de mala a pésima.
En este sentido, hay que reconocer la superioridad del proyecto de Rob Zombie, pues no se limita a copiar una fórmula exitosa, sino que aporta una curiosa reflexión sobre el agotamiento de los esquemas narrativos tradicionales.
La noche de Halloween de 1977, dos parejas de jóvenes viajeros llegan a un remoto lugar, en una zona rural de Texas. A la par de una gasolinera, está un emporio administrado por el capitán Spaulding, un extraño individuo disfrazado de payaso. Spaulding los invita a conocer el “Museo de monstruos y descerebrados”: un sitio dedicado a los asesinos múltiples más célebres del estado. Cuando ya es demasiado tarde, los cuatro turistas comprenden que Spaulding forma parte de un grupo de psicópatas muy malintencionados.
Para una ópera prima, la dirección es bastante competente: después del inevitable periodo de planteamiento, los horrores se suman a los horrores, en un crescendo espeluznante. Aun así, es claro que el talento de Rob Zombie se queda corto, en comparación con los maestros a los que rinde homenaje.
En ningún momento “La casa de los mil muertos” infunde miedo, ni genera sensaciones de angustia. Funciona únicamente como diversión cinéfila, al resolverse en un truculento pastiche de guiños y referencias. No tendrá mayor impacto en el espectador común, mientras que seguramente causará gracia en los conocedores del género y en los amantes de lo bizarro.
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