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Lunes 12 Diciembre, 2011

Cargos públicos, corrupción y democracia

Los diputados se han creído de verdad que son la panacea a todos los problemas que tiene Costa Rica y les han hecho creer a las comunidades que representan y al país que solamente ellos pueden dar solución a todos los desequilibrios que nos aquejan.
Muchos de ellos fueron elegidos a dedo, sin ningún proceso democrático que dé fe de que contaban con el perfil idóneo para sentarse en una curul a ejercer esas delicadas funciones.
La ingobernabilidad que vive hoy el país, está relacionada al desconocimiento completo o parcial de los legisladores en temas que les competen para la toma de decisiones.
Los políticos nos han engañado y decepcionado, pero la culpa no es solo de ellos, es suya y mía, porque hemos permitido que ese grupo parlamentario se apropie de nuestro congreso, recursos, país y ahora de nuestro destino.
Estamos en una coyuntura muy compleja porque los desafíos que enfrentamos son muy serios: inseguridad ciudadana, desempleo, falta de infraestructura productiva, crisis de la CCSS y muchas otras más que no se van a resolver de la noche a la mañana.
Sin embargo, sí podemos superar la crisis y para ello es necesario el involucramiento y acción de la sociedad, porque esto no se resuelve solo con salir a votar. Es necesario que todas los componentes sociales trabajen conjuntamente para alcanzar los objetivos.
Por otro lado es hora de que consideremos la política como algo serio porque no podemos ignorar su impacto en nuestras vidas, no obstante un proyecto político bien dirigido, incluyente y a largo plazo tendría efectos positivos.
Se acabó la Costa Rica de los pobrecitos, la de los inútiles, nuestro país merece más, pero solo trabajando con metas, objetivos en todos los campos, intelectual, deportivo, artístico, y tecnológico podemos superarnos.
Nuestro único obstáculo somos nosotros mismos.
En adelante para cualquier puesto público de elección popular, debemos empezar a exigir a los postulantes capacidad y prueba de lo hecho en sus comunidades, regiones o país, además de poseer una hoja de vida intachable, de honestidad y transparencia en el obrar.
Adicional a su integridad, su dimensión ética debe haber superado cualquier examen público y privado, no debe haber estado inculpado en señalamientos ni indicios graves con las autoridades judiciales.
Otro aspecto importante pero no imprescindible es que el congresista debe ser una persona educada, que escuche al pueblo, sencillo, humilde, buen comunicador y comprometido con su gestión parlamentaria.
Finalmente, necesitamos construir el país que queremos y esto implica no seguir eligiendo presidentes, diputados, alcaldes, regidores y munícipes como lo hemos hecho, el sistema actual es excluyente, costoso e inaccesible.

Luis Fernando Allen Forbes
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