Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 12 Octubre, 2011


Hablando Claro
Carga fiscal y democracia

Por años, poderosos intereses han impedido aumentar la obligación fiscal bajo el efectivo argumento de que los odiosos impuestos desestimulan la inversión extranjera, constituyen una amenaza contra la seguridad jurídica y consecuentemente, atentan contra el crecimiento económico. En pocas palabras, según ese argumento, una estructura impositiva mayor atenta contra la estabilidad del sistema.
En esta Centroamérica pobre, convulsa e insegura; en esta Latinoamérica espejo de la desigualdad e inequidad del mundo, es decir en este continente sin oportunidades para las grandes mayorías, nosotros los costarricenses logramos construir un modelo exitoso de desarrollo social, hoy venido a menos a falta de recursos para potenciar nuestras capacidades.

El aumento de los ingresos con nuevos impuestos para el Estado no es por supuesto la única medida para resolver los complejos desafíos de nuestra democracia. Pero es una medicina necesaria en tanto seguimos avanzando con la mejora recaudatoria y la eficiencia en la ejecución del gasto. Hasta ahora, estos han sido los valladares para no asomarse siquiera a la discusión del incremento en la carga fiscal.
Está probado por muchos estudios. Dos de ellos, citados por Vicenc Navarro en “Libertad, calidad democrática y carga fiscal” establecen la relación entre el nivel de libertad individual de 130 países con su carga impositiva. Grosso modo, los países cuya carga fiscal es superior al 25% del PIB (lejísimos por cierto de nuestra propuesto de incremento) son los países más desarrollados y más democráticos del mundo. Es decir, en términos generales la carga fiscal está relacionada con la calidad del sistema democrático y viceversa.
Según Navarro “a mayor libertad para que cada persona pueda hacer valer su poder de decisión en las instituciones representativas, mayor es la calidad democrática de su sistema político y mayor es su carga fiscal, así como menores son las desigualdades sociales”.
Por eso creo que no debemos dejarnos llevar por los agoreros de siempre. Las empresas que están asentadas en el país no saldrán huyendo porque se les imponga un aumento de la carga sobre sus ganancias de capital a partir de 2015. Porque antes de valorar la carga impositiva del país, las empresas e inversionistas extranjeros se fijan en nosotros por la calidad y el acceso a los servicios que tenemos, por la educación de nuestros profesionales, operarios y técnicos, así como por la seguridad ciudadana y la calidad de nuestra infraestructura tan venidas a menos. Lo cierto es que todo esto solo podemos conservarlo y rescatarlo con un poco de sacrificio de todos y no únicamente de los mismos.
En esta reforma tributaria estamos empeñando buena parte de la generación de más y mejores oportunidades para el futuro inmediato de nuestra sociedad. Lo cual es ni más ni menos que fortalecer la democracia, siempre en permanente remodelación.

Vilma Ibarra