Carbono neutralidad 2021... pura aspiración
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Meta planteada en 2007 se aleja para el país
Carbono neutralidad 2021… pura aspiración

Avances en transporte, generación eléctrica e infraestructura están fuera de cualquier posibilidad

Que Costa Rica llegue a ser un país carbono neutral en 2021 es una meta prácticamente imposible de alcanzar.
Esta realidad es evidente ante los pocos recursos disponibles para la inversión en ese objetivo y la falta de voluntad y compromiso para alcanzarlo.

Desde 2007, el país ha invertido no más de $2 millones por año en cambios sustanciales en las cinco áreas clave para alcanzar ese objetivo.
Cuando se planteó este proyecto, los cálculos insistían en que era necesario hacer una inversión de unos $400 millones anuales, lo cual ubica la meta por encima de lo alcanzable.
En medio de una situación fiscal en la que el Gobierno batalla para que se apruebe un plan tributario que le permita recaudar unos $825 millones, ese nivel de inversión es irreal.
El tiempo ha pasado y los pasos hacia esa meta son mínimos.
Como parte del plan, cada institución estatal podría haber hecho la diferencia en la cantidad de carbono que emite si tan solo hubiera cumplido lo que especifica el decreto ejecutivo sobre el Plan de Gestión Ambiental Institucional.
“Llama la atención que solamente en uno de los entes que deberían tener funcionando esos planes se esté cumpliendo la ley”, señaló Freddy Pacheco, experto en políticas ambientales de la Universidad Nacional.
Las medidas para reducir el consumo energético, moderar la cantidad de agua que se usa y disponer debidamente de los desechos entre otras sencillamente no existen o son mínimas en las instituciones del Estado, agregó el académico.
Junto a naciones como Noruega y Japón, Costa Rica fue de los pioneros en accionar los sistemas de neutralización de emisiones (captura de dióxido de carbono), financiados por naciones desarrolladas, hace casi dos décadas.
Sin embargo, el desorden vial, las carencias en infraestructura y las incoherencias en la generación eléctrica, son un lastre para las intenciones locales, así como para la imagen del país.
“En temas tan sensibles como el de transporte, se llevan décadas hablando de construir terminales sectoriales para los buses públicos, pero si hay dos o tres, son muchas”, argumentó Sergio Bermúdez, especialista en sistemas ambientales.
De igual manera, hay gente en el gobierno que sabe cuán urgente es renovar la flotilla vehicular, pero no se hace nada para facilitar esto.
La migración de buses y camiones de diesel a gas licuado o electricidad y la habilitación de un tren eléctrico para carga hacia las costas y de pasajeros en el centro del país, deberían haber sido prioridades para las últimas cuatro administraciones, pero no lo han sido.
En números reales, solo migrar la flota de autobuses del país a gas LPG costaría cerca de $5.500 millones. Si se quisiera adquirir una flota de buses eléctricos, el costo se duplicaría.
A pesar de esto, en el Gobierno hay mentes que aún se muestran optimistas frente a los retos.
“En la historia los costarricenses nos hemos propuesto metas muy importantes, y pienso que esta es una de las que vamos a lograr”, advirtió Ana Lorena Guevara, viceministra de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones.
Tenemos una cobertura forestal muy importante, que bien va a sumar a la consecución de la meta, añadió Guevara.
No obstante, al enfrentar la realidad presupuestaria del país con lo que demandaría alcanzar la meta de carbono neutralidad, la posición es un tanto menos optimista.
“En la cuestión de la inversión que se debe hacer, hay que reconocer que estamos un poco quedados”, reconoció la Viceministra.
Pero hay un factor que son los recursos externos interesados en apoyar gestiones como esta, que bien podrían aportar la diferencia entre lo que no se ha invertido y lo que deberíamos invertir para lograr esa carbono neutralidad, concluyó la jerarca.
Desde su posición como Canciller de la República, René Castro, hoy titular de Ambiente, llamó la atención sobre la incapacidad que han demostrado los últimos gobiernos para captar recursos foráneos.
“Fuimos los primeros en vender oxígeno y hoy nos cuesta gestionar nuevas transacciones”, confirmó en su momento.
Ernesto Villalobos
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