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El Banco Central debe exponer claramente el riesgo que representan los capitales de corto plazo, tanto para las entidades como para el público

Capitales golondrina requieren freno

Aunque la economía estadounidense muestra signos de mejoría, persiste el riesgo de que llegue a perder vigor. Sus niveles de consumo han aumentado, pero no podrían sostenerse debido a la prolongación del desempleo, el estancamiento salarial y un creciente endeudamiento de los hogares.
Así, intencionadamente o no, el dólar mantiene su tendencia a la devaluación ante otras divisas.
El debilitamiento del dólar en América Latina causa problemas a los países del área, sus exportaciones dependen en gran medida del tipo de cambio y la apreciación de sus monedas perjudica su competitividad en mercados internacionales.
En 2010 el real brasileño y el peso chileno se revalorizaron en un 10%; en Costa Rica el colón lo hizo en un 9,4% y en enero continúa presentando una apreciación interanual cercana al 9%.
El Banco Central ha tratado de suavizar la presión en el tipo de cambio aumentando el nivel de reservas, mediante compras en el mercado mayorista, sin embargo, uno de los efectos adversos de este recurso es que genera un aumento sobre los precios de los bienes y servicios, pues obliga a emitir colones.
Un factor más toma parte en la sobrevaloración de las monedas latinas. La creciente demanda de materias primas y las perspectivas de crecimiento de la región atraen grandes cantidades de capital extranjero de corto plazo, que comienzan a circular y amenazan con crear burbujas nada recomendables para estas economías.
No resulta conveniente establecer impuestos que puedan desalentar la inversión seria y permanente, porque se corre el riesgo de provocar una disminución en la inversión extranjera directa, con sus indeseables consecuencias de desempleo.
Cuando un país recibe un fuerte flujo de capital, sin duda los inversionistas esperan garantías de seguridad para sus inversiones. Al final de cuentas el mercado es el que determina el valor del dólar, y los especuladores privados procuran su máximo beneficio, no el de la sociedad.
El Banco Central debe mantenerse vigilante para seguir limitando la apreciación del colón y exponer claramente el riesgo que representan los capitales de corto plazo, tanto para las entidades como para el público.
El Gobierno, por su lado, debe definirles un plazo mínimo de permanencia a los capitales nuevos que ingresen al país, así como continuar explorando posibilidades de proporcionar a los exportadores instrumentos para que sean menos vulnerables a la volatilidad del dólar.


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