Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 29 Enero, 2010


Campaña: reflexiones (II) 


En el artículo anterior hablaba de la percepción bastante peyorativa que amplios sectores de la población tienen en torno a todo lo que se refiere a la política. Lo dicho explica cosas tan insólitas en nuestro medio como el que hayan sido llevados presos dos ex presidentes, quienes fueron de previo paseados en “perreras” por las calles capitalinas mientras las multitudes, que no hacía mucho los aclamaban y los habían llevado al poder, los abucheaban y les lanzaban improperios. Por eso, no es casualidad que el partido de donde provienen esos dos ex presidentes haya lanzado el eslogan publicitario de que ellos son “los menos malos”, insinuando con ello que los otros son peores.
Igual se puede decir de quienes, al cuestionárseles su actitud de negarse a dar cuentas públicamente de las fuentes del financiamiento de su multimillonaria campaña publicitaria, arrojan, como respuesta, sombras de sospecha sobre las finanzas privadas de la candidata oficial por haber construido su casa valorada en mas de un centenar de millones.
En todos estos casos, subyace una concepción peyorativa de la política, pues el que la campaña haya descendido hasta estos putrefactos albañales demuestra que sus mismos gestores tienen un concepto infame del quehacer político y, por ende, de su condición de políticos.
Esta actitud los descalifica para aspirar a gobernar, porque quienes profieren estos juicios sobre la política la han practicado desde hace años y a ella han dedicado buena parte de su vida. Si ellos creen que la lucha por el poder está por encima de toda norma ética, es porque así lo han practicado. Por desgracia, no son pocos los que piensan de la misma manera.
Dichosamente hay otra manera de hacer política. Y es aquella que ve en la función pública un servicio al bien común, como lo enseña la doctrina social de la Iglesia. Tal ha sido la posición asumida por la Conferencia Episcopal al pedirle al presidente Arias revocar el decreto ejecutivo que declara de interés público el proyecto de minería a cielo abierto en Las Crucitas. Como le es habitual, Óscar respondió con insolencia acusando a los obispos de ser ignorantes en ciencias como la mineralogía y la geología y en las tecnologías que de ellas provienen. La respuesta de la Iglesia fue inmediata y contundente: aquí de lo que se trata es de ética; lo cual equivalía a decirle a Arias que él tampoco era experto en las ciencias y las tecnologías mencionadas, pero menos aun en ética.
Es dentro de esta tesitura que considero como uno de los pasos más positivos de la actual campaña el que varios partidos se hayan coaligado y formado con ello un frente común, como yo en este mismo espacio lo venía pidiendo desde hace meses. Quienes así lo han hecho, están inspirados en la voluntad inquebrantable de demostrar a los costarricenses que en esta campaña no se trata de elegir a los menos malos, sino a quienes expresen los mejores valores en que el pueblo costarricense ha forjado su identidad a través de sus casi dos siglos de vida republicana e independiente. Tal es la alternativa que se presenta al electorado el próximo 7 de febrero.