Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 23 Noviembre, 2009


Campaña de seguridad


Como cada cuatro años, los partidos que participan en la campaña política han hecho estudios exhaustivos sobre la opinión popular y han llegado a la conclusión obvia —estudios estadísticos mediante— que lo que más preocupa a los ciudadanos es la inseguridad que se percibe, se vive y se sobrevive en todo el país.
Los eslóganes de campaña de varios candidatos respecto a este problema de incalculables proporciones, pretenden asegurarle al futuro votante que la gravísima situación de la seguridad ciudadana será solucionada en el próximo gobierno de cada uno de ellos.
Sin embargo la simpleza de las sentencias, lo básico de los conceptos y la carencia de contenidos ante una situación tan compleja, francamente ofende.
Siendo totalmente iletrada en el campo de la seguridad (o sea: igual que la Ministra del ramo) puedo asegurar que el problema es de una complejidad asombrosa.
No nos habíamos recuperado aún de la trágica muerte de una joven, víctima de un fuego cruzado entre pandillas jamaiquinas, cuando un distinguido librero que instintivamente se defendió de un robo estúpido en una cafetería, fue asesinado de un balazo.


La muchacha que murió en Los Yoses era hija del cónsul de Costa Rica en República Dominicana y el caballero, el propietario de una tradicional librería.
Hace un mes, los enfrentamientos entre pandillas en una zona josefina —mal llamada “Tierra Dominicana”— se cobraron la vida de un vendedor ambulante y obligaron a una compañía de buses a solicitar un cambio de paradas.
Días atrás un chancero de escasos recursos fue masacrado para quitarle el poco dinero que había ganado y los enteros de lotería aún no vendidos.
Si antes los asesinatos acontecían lejos de los barrios que frecuentan las clases media y alta, si hasta hace un par de años las víctimas rara vez pertenecían a los estratos sociales más acomodados, hoy por hoy todos estamos expuestos. ¿Cuántos miembros del gabinete fueron víctimas de diversas acciones delictivas? Y ni aun así el gobierno ha podido hacer nada para detener la ola de violencia.
Es lamentable confirmar que el fiscal general, el señor Dall’Anese, tiene razón cuando afirma que el país se nos fue de las manos.
A pesar de que en marzo de este año doña Janina del Vecchio afirmara, ante la cadena televisiva mundial CNN en español, que tenemos una policía y un poder político “al que no le ha permeado la corrupción”, la cantidad de funcionarios policiales descubiertos durante los últimos meses en actividades ilegales es alarmante.
Y dejando de lado los delitos de cuello blanco, lo más temido, lo más peligroso, lo más grave para nuestra vida civil ya nos alcanzó: la corrupción y el soborno en funcionarios del Poder Judicial es cada vez más evidente.
Las sanguinarias pandillas jamaiquinas, el descarnado cartel de Sinaloa, la discreta mafia china, los múltiples grupos de robos organizados (de carros, obras de arte, electrodomésticos), los drogadictos pobres, desesperados y armados, los sociópatas, los sicópatas, los sicarios, los corruptos en todos los niveles, estratos y categorías, los raterillos de carteras, cadenas y celulares, los timadores, los que roban por robar y los que matan por matar, todos estos y más forman parte de nuestra realidad; de nuestra inseguridad cotidiana. No importa dónde vivimos, quiénes somos, a dónde vamos, qué hacemos: todos somos víctimas potenciales.
Por eso nos preocupa a todos. Por eso esa preocupación se ve reflejada en cualquier encuesta. Por eso da mucha rabia que pretendan conseguir nuestros votos con sentencias vanas y frases vacías.
En los últimos cuatro años, el problema de la seguridad se agudizó de manera escalofriante. ¿Alguno de los [email protected] se atreve a asegurar que va a resolver esta tragedia nacional?

[email protected]