Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Martes 13 Noviembre, 2007

Cambios en América Central

Arnoldo Mora

No es la primera ocasión en que me ocupo de los cambios que se están operando en “Nuestra América”, donde se muestra una inequívoca tendencia hacia lo que genéricamente se podría considerar como “izquierda” o centro-izquierda. Dichosamente el maniqueísmo que caracterizó la Guerra Fría ha terminado, lo que posibilita el ascenso de otros países, hasta ahora considerados periféricos, al rango de potencias emergentes, con lo que su voz y su posición jugará un papel cada vez más influyente en la escena mundial.
Todos estos cambios, evidentemente, repercuten en nuestra región. Algunos países de América Central han visto cómo esos cambios se han hecho presentes en las últimas elecciones. Veamos. Triunfo de Martín Torrijos, el hijo del mítico general Omar Torrijos, en un Panamá que se convierte en el país más importante de la región… aunque le duela a Oscar Arias que, a punta de “realismo”, ha debido empequeñecer su imagen a pesar de su Premio Nobel; más aún, si las cosas se complican al interior del país, podría dañarse significativamente su prestigio nacional e internacional. En Nicaragua gana el Frente Sandinista aunque de manera muy precaria, mostrando que sigue siendo individualmente el movimiento político más numeroso y mejor organizado. En El Salvador, el Frente Farabundo Martí, mostrando por fin una madurez que le permite superar hondos resabios de sectarismo, postula como candidato al periodista Funes que nunca ha militado en sus filas, con lo cual las posibilidades de conquistar la presidencia el año entrante se ven acrecentadas. De todas maneras, el Frente ya lleva mucho tiempo de gobernar en las principales ciudades e, incluso, haber logrado la mayoría parlamentaria durante algún tiempo.
Pero lo que en mi opinión constituye el salto más significativo hacia posiciones realmente democráticas con sólida base popular, es lo que acaba de hacer el pueblo de Guatemala, donde campesinos e indígenas dieron el triunfo al candidato no oligárquico, Alvaro Colom. Ciertamente no se trata de una “revolución”, pues Colom no tiene la mayoría en el Parlamento y deberá cogobernar con un ejército que no ha sido depurado, a pesar de que hay quienes hayan dicho que es el ejército más sanguinario de la región y al que algunos hayan señalado como un ejército infiltrado por el narcotráfico; igualmente, el poder de los círculos oligárquicos financieros y terratenientes sigue intacto. Pero aún con esas limitaciones, el triunfo de Colom viene a unirse a la herencia democrática interrumpida brutalmente por el golpe que muchos han señalado como un acto ideado por la CIA, y que fuera jefeado por Castillo Armas en 1954 y que, desde entonces, costó a ese sufrido pueblo más de 200 mil muertos y la más odiosa dictadura de la región.
Detrás de este triunfo de Alvaro Colom está el despertar del movimiento indígena en toda América Latina y que le ha posibilitado llegar al poder en Bolivia y, en buena medida, en Ecuador y estuvo a punto de hacerlo en Perú. ¿Qué será de Guatemala, el país de más población, de mayor volumen económico y con la más grande ciudad de la región? ¿Logrará convertirse en una democracia estable y pluricultural? ¿Tendrán por fin los sectores marginados y oprimidos desde los tiempos de la Colonia, la palabra? Es difícil aventurar predicciones, pero nuestra hermana república del Norte tendrá que luchar por consolidar una democracia real. Espero también que el año entrante El Salvador tome ese hermoso sendero.