Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 3 Septiembre, 2014

La pregunta sigue en el ambiente: ¿sin reforma tributaria a la vista, cómo hacer más chocolate con tanta limitación de cacao?


Hablando Claro

Cambio de rumbo


El gobierno decretó un aumento salarial del 4,14% en el sector público para el segundo semestre. También acordó (prácticamente sin darnos cuenta hasta el anuncio) un incremento en el presupuesto de las universidades públicas de más del 10% para el año 2015 y adelantó que así será la dotación para el próximo quinquenio.
La Administración anunció un acuerdo entre Fodesaf y la Caja para asignar 15 mil nuevas pensiones en el régimen no contributivo. Se perfilan los primeros pasos de la “reorientación del gasto social” que alude el presidente Solís como objetivo prioritario de su gestión.


Ahí van también los incrementos en partidas presupuestarias del Proyecto de Presupuesto Ordinario de la República presentado este lunes al Congreso. Cargadito de incrementos para educación, niñez, salud, infraestructura y el agro, sin dejar de lado a Limón que parece ser la zona de menor desarrollo favorecida con la dotación de recursos para el próximo periodo fiscal.
Hay en estas medidas no una intención, sino una clara dirección de rumbo de gobierno para darle contenido a lo que el Presidente explicó en su informe como el restablecimiento “de un auténtico Estado Social de Derecho”.
Claro que la gran interrogante frente a esas medidas es el cómo. Cómo será posible financiar todo la reorientación si no hay nuevos ingresos que le den sustento a sus buenas intenciones.
El Mandatario afirma estar más que claro en que sus medidas de restricción de gasto vía tope de pensiones de lujo, austeridad en viajes, recorte de consultorías y frugalidad en eventos y otros, no alcanzan más que para un pellizco que no altera en nada el enorme hueco de las finanzas públicas y son más bien ejemplos de la disposición gubernamental al sacrificio que habrán de servirle en algún momento para pedirnos también cuota de entrega al resto de los contribuyentes.
Nos reiteró entonces que ese momento no es ahora. Es definitivo que el Mandatario no está dispuesto a perder desde ahora el capital político, como en su día lo perdieron los antecesores Pacheco y Chinchilla.
Y si eso es así, la pregunta sigue en el ambiente: ¿sin reforma tributaria a la vista, cómo hacer más chocolate con tanta limitación de cacao?
Impuestos a actividades de turismo y recreación, nuevas leyes para atornillar a los olimpistas evasores y a los expertos elusores, así como retención adelantada de impuestos a las empresas a las que se les pague con tarjeta de crédito, son muestras claras de que el gobierno quiere meterle el diente a los que hasta hoy han ganado en el juego. Y eso no suena mal, puesto que el viejo discurso de que los ricos deben pagar como ricos y los pobres como pobres no ha sido más que eso: un discurso.
El asunto estriba —según dicen no pocos economistas— en si medidas de recaudación de a poquito no terminarán por desestimular la actividad económica.
Pareciera obvio que el gobierno no lo cree. O que al menos está dispuesto a correr el riesgo, en tanto se anima con el “paquetazo”; el trago más amargo de una medicina que no queremos tomar.

Vilma Ibarra