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Cambiar el pasado


Concluir una temporada o empezar un nuevo año es siempre una oportunidad para la renovación de metas e ideales. Sin embargo, para algunos esto es difícil porque no logran romper sus ataduras con un pasado en el que hubo capítulos que causaron dolor, desconfianza, resentimientos, amargura y pérdida de esperanza. ¿Se puede avanzar en el nuevo periodo llevando una carga tan pesada?
Los hechos de ese pasado no pueden cambiarse, pero nuestra interpretación de ellos sí. Al hacerlo, modificamos su efecto en nuestro presente y eso ya es un gran paso. Las realidades y efectos de un pasado negativo seguirán marcando la pauta, a menos que cambiemos la forma de pensar sobre él. No se trata de ocultar ni de huir de lo ya acontecido, sino de procesarlo con inteligencia y hasta con magnanimidad hacia nosotros mismos, para encontrar la serenidad de conciencia y revitalizar la convicción en mejorar.
Es difícil avanzar si cargamos heridas abiertas. Es imposible progresar si nuestras emociones están contaminadas por deseos de venganza y auto-recriminaciones. “El resentimiento es como tomarse uno el veneno y esperar que la otra persona muera”, dice Malachy McCourt. El pasado puede convertirse en un pesado látigo que castiga las nuevas ideas y el esfuerzo para cambiar la ruta que traíamos.
Según un proverbio chino, el hombre que mueve montañas es el que empieza sacando piedras pequeñas, que pueden simbolizar esos hechos acumulados que no habíamos interpretado en forma diferente. El desafío que tenemos es elevar tanto el nivel de pensamiento, de aspiraciones y de actitud ante la adversidad, que, aun esas montañas se vean pequeñas. Si pensamos en pequeño todo problema se hace enorme, pero si aprendemos a convertir lo vivido en lecciones y a procurar altos objetivos, entonces sea cual sea el problema no será suficientemente grande para detenernos.
Al cambiar el pasado mediante una nueva interpretación y aprendizaje, dejamos de monopolizar el uso de nuestros pensamientos en él y podremos ocuparlos para edificar sueños en el presente, para construir, desde hoy, el futuro deseado. Insistir en regresar atrás pudiendo avanzar es también una posibilidad, pero esta indecisión en el medio del río nos puede agotar y ahogar porque luego no tendremos fuerzas para llegar a ninguna orilla.
La vida es como el deporte, en la que hay que seguir el consejo de Henry Ford: “Antes que todo lo demás, estar listo es el secreto del éxito”. Cambiar el pasado es posible, rejuvenece el espíritu y nos libera del peso que nos impide caminar. Al hacerlo, marcharemos con tanta vitalidad que no sentiremos ni las nuevas ampollas que solo poseen los que deciden ponerse en marcha mirando hacia el futuro.

German Retana
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