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Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Calles y política

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 03 agosto, 2012



Calles y política

Las actividades económicas como son aquellas que tienen que ver con la capacidad de transformar lo real para lograr subsistir, es la que causa lo público o espacio creado por el ser humano.
La política se genera en torno a ese espacio, por lo que es por antonomasia un acto público. El espacio donde lo económico y lo político convergen es en los medios de transporte, siendo los caminos los medios de transporte ideados para ese fin.
Pero los caminos son también lugares de encuentro para las personas, lugares donde la gente se conoce, intercambia ideas, experiencias, se dan relaciones pasajeras que a veces llegan a ser más estables incluso, permanentes según sean las preocupaciones e intenciones de quienes se entrecruzan en los caminos.
De esta manera, los caminos contribuyen a crear relaciones interpersonales que configuran nuevas estructuras sociales. Por eso en las calles prolifera la vida social y se forja el poder político de hecho, que luego se convierte en poder de derecho cuando las instancias legales así lo ratifican.
Las calles sirven también para que surja el encuentro fortuito o la chispa del amor, pero también posibilita el intercambio comercial, o que se exhiba la hermosura de los cuerpos o el gusto de las modas.
Pero, la calle es, por excelencia, el espacio donde surge el poder político. Ocupar las calles es dar muestras de quién manda en una sociedad, es el lugar donde se enfrentan quienes defienden o adversan el poder establecido.
Las calles de San José en estos días han sido el espacio público donde multitudes han marchado reivindicando sus derechos sociales y económicos. Lo cual no es más que la versión tica de lo que está pasando en el mundo entero con los “indignados”.
En la actualidad vivimos el hundimiento del neoliberalismo. La Unión Europea inspirada en los dogmas neoliberales parece colapsar. En el Continente Americano, desde el Norte con los Estados Unidos y México, hasta el Sur con Chile, se da lo mismo. En Israel se autoinmolan los ciudadanos. En Costa Rica son los trabajadores del sector público, junto a las cooperativas que generan electricidad y a los campesinos los que ocupan las calles.
Pero si analizamos lo que ha pasado aquí en las últimas décadas, no nos será difícil constatar que la vida política se da como líneas paralelas; hay dos mundos que nunca se tocan. Las instituciones formales que configuran el orden “legal”, como son el gobierno central, las instituciones “autónomas” (¿?), la Asamblea Legislativa, el Poder Judicial y organizaciones de la sociedad civil con gran peso político como las cámaras patronales y las iglesias, operan por un lado, mientras los intereses y las luchas de la mayoría de la gente van por otro.
Los medios de comunicación reflejan el descontento generalizado porque el pueblo no encuentra satisfacción en las instituciones tradicionales a sus demandas.
El desencanto se traduce en una actitud de pesimismo frente al futuro. El sistema político hace aguas. Hoy se requiere de una democracia participativa y directa.
Para lograrla es necesario que nuestro pueblo, a través de la protesta, desarrolle su conciencia y forje una institucionalidad que incluya a los partidos políticos de modo que realmente expresen sus intereses y así ir construyendo una sociedad en un presente de lucha y un futuro de esperanza.

Arnoldo Mora