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Caleidoscópico mundo interior

• El aclamado autor hongkonés Wong Kar Wai, anota otro hito en su refinada filmografía

El sabor de la noche
(My Blueberry Nights)
Dirección: Wong Kar Wai. Reparto: Norah Jones, Jude Law, David Strathairn, Rachel Weisz. Duración: 1.30. Origen: Francia-Hong Kong 2008. Calificación: 8.

El cineasta de culto Wong Kar Wai sigue dejando huella. Poseedor de un estilo rebuscado e inconfundible, este autor hongkonés ha cosechado alabanzas y premios, gracias a títulos formidables como “Chungking Express” (1994), “Las cenizas del tiempo” (1994) y “Deseando amar” (In the Mood for Love, 2000).
Rodado en Norteamérica, su noveno largometraje “El sabor de la noche” es un filme de carretera sui géneris. Cuenta con un atractivo elenco internacional, encabezado por la cantante Norah Jones en su debut como actriz.
Elizabeth acaba de experimentar una decepción sentimental. En Nueva York, ella conoce a Jeremy (Jude Law), dueño de una pequeña cafetería. Entre ambos hay un flechazo, pero Elizabeth siente la necesidad de viajar lejos.
Trabajando como salonera, ella planea ahorrar dinero suficiente para comprar un automóvil. Durante su recorrido, encuentra distintos individuos: en un bar de Memphis, enlaza amistad con un policía (David Strathairn), quien trata en vano de ahogar sus penas en el licor, tras haber sido abandonado por su esposa (Rachel Weisz). En una ciudad de Nevada, la joven se junta con una jugadora de póquer (Natalie Portman), quien acaba de perderlo todo.
Al entrar en contacto con personas sumidas en el dolor y el abandono, la protagonista analiza sus propias vivencias desde una perspectiva distinta. Es así como Wong Kar Wai lleva adelante su discurso personal, acerca del amor y la soledad, la arbitrariedad del destino y la fragilidad de las relaciones.
El director anota otro hito artístico en su refinada filmografía: otro capítulo de una reflexión humanista en perenne evolución. Esta vez, Wong utiliza la cultura estadounidense como materia prima, para moldearla y adaptarla a su propia sensibilidad, plasmando un caleidoscópico mundo interior.
Episódico en su estructura, el filme sufre altibajos histriónicos, especialmente en la parte ubicada en Memphis, donde se detectan estridentes excesos melodramáticos. Algo que se mantiene constante, es la exquisita fotografía de Darius Khondji: cada encuadre está concebido como una pintura, explotando al máximo los potenciales expresivos del medio.
Realización anómala, apartada de las tendencias comerciales, “El sabor de la noche” no es para todos los gustos. Con su cadencia peculiar y su atmósfera de ensueño, puede resultar aburrida para algunos. Así mismo, su fascinante búsqueda de esmero formal, se presta para ser tachada de esteticismo pretencioso. De cualquier forma, la propuesta es diferente y muy tentadora.
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