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Caleidoscópico disparate

• Los creadores de “Matrix” decepcionan, con la caótica adaptación de una teleserie animada japonesa

Meteoro – La película
(Speed Racer)
Dirección: Andy y Larry Wachowski. Reparto: Emile Hirsch, Christina Ricci, John Goodman, Susan Sarandon. Duración: 2.09. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 4.

Estaban muy altas las expectativas con respecto a “Meteoro - La película”, costosa producción de Andy y Larry Wachowski. Ellos dejaron huella en la ciencia ficción, realizando la extraordinaria “Matrix” (1999) y sus dos secuelas.
Es cierto que la célebre trilogía futurista había caído en picada, arrancando en grande y culminando de manera poco satisfactoria. Sin embargo, nadie podía pronosticar el fiasco rotundo que esta nueva entrega representa. Los hermanos Wachowski decepcionan profundamente, con la caótica adaptación de una teleserie de animación japonesa, creada por Tatsuo Yoshida en 1967.
Después de su memorable participación en la inédita obra maestra de Sean Penn “Camino salvaje” (Into the Wild, 2007), el actor Emile Hirsch encarna al protagonista, Meteoro. El es un joven y talentoso piloto de autos de carrera. Creció en el taller mecánico de su padre y solo desea convertirse en un campeón, al igual que su hermano Rex, fallecido tiempo atrás en el transcurso de un rally.
Cuando un magnate de la industria automotriz le ofrece un contrato millonario, Mateoro rechaza la propuesta. En cambio, se asocia con un misterioso colega enmascarado, el Corredor X. Juntos, intentan desenmascarar a unos empresarios corruptos, los cuales arreglan competencias y explotan al deporte para incrementar sus acciones en la bolsa de valores.
Cuesta entender por qué se decidió complicar un argumento simple. Lo que debió ser un puro pretexto para elaborar escenas espectaculares de alta velocidad, se convirtió en un cuento enredado, prolijo y saturado de diálogos. Es inevitable perderse, en semejante pastiche de tramas secundarias, “flashback” y divagaciones innecesarias, con personajes que entran y salen de la narración sin motivo aparente. Ni siquiera actores de primera como Susan Sarandon, John Goodman y Christina Ricci, sobresalen en este caleidoscópico disparate.
Bajo el aspecto visual, “Meteoro” cautiva —al principio— con una explosión de colores primarios, que recuerda la estética variopinta de Roy Lichtenstein y otros exponentes del arte pop. Además, se nota un esfuerzo por buscar caminos alternativos, en cuanto a la aplicación de la computadora al lenguaje fílmico.
Lo anterior resulta entretenido… por una decena de minutos. Luego, lo novedoso se torna reiterativo, cansino y aburrido. El montaje es tan acelerado, que no deja apreciar los atractivos de la puesta en escena, generando confusión.
Todo se resuelve en un ostentoso y vano despliegue de tecnología. La frialdad de la ejecución, concreta una experiencia frustrante: es como observar a otra persona, jugando “playstation” durante más de dos horas.

Terror para desternillarse

• En comparación con este patético adefesio, las películas de “Chucky” parecen obras maestras

El títere
(Dead Silence)
Dirección: James Wan. Reparto: Ryan Kwanten, Amber Valletta, Donnie Wahlberg, Bob Gunton. Duración: 1.30. Origen: EE.UU. 2007. Calificación: 1.

Los cineastas que incursionan en el género de terror, se exponen a un riesgo inevitable: provocar reacciones contrarias a las deseadas. Para causar angustia, tensión y miedo, usualmente se recurre a situaciones macabras, violentas o incluso grotescas. Es aquí donde es fácil caer en lo ridículo: si una cinta horrorífica está mal realizada, o si no funciona en alguno de sus ingredientes, puede degenerar en una torpe payasada.
“El títere” se ubica precisamente en esta selecta categoría: es terror para desternillarse. Surgió de la imaginación de James Wan, joven realizador nacido en Malasia y criado en Australia, responsable de un título influyente como “Juego macabro” (Saw, 2003), que inauguró una de las franquicias más taquilleras de los últimos años.
Curiosamente, Wan pretende alejarse un poco del sadismo y de la crudeza extrema que lo hicieron famoso. En cambio, se esfuerza por crear una atmósfera siniestra, preludio de circunstancias inquietantes basadas en un suspenso más tradicional. Las intenciones del director son válidas, pero los resultados son catastróficos. En comparación con este patético adefesio, hasta las películas de “Chucky - El muñeco diabólico” parecen obras maestras.
El inexpresivo Ryan Kwanten interpreta a Jamie Ashen, un hombre cuya esposa es asesinada brutalmente. El único indicio lo ofrece una marioneta, encontrada a la par del cadáver. Para la policía, Ashen es el principal sospechoso. Así, él decide investigar el crimen en forma privada. Vuelve a su pueblo natal en busca de respuestas y descubre el caso de Mary Shaw, una ventrílocua linchada muchos años atrás por una turba enfurecida. Desde entonces, los miembros de varias familias han sido masacrados misteriosamente.
Además de poco original, la trama es totalmente destartalada, con varios pasajes incoherentes, bruscas interrupciones del flujo dramático, caídas de ritmo, soluciones predecibles y unas cuantas perlas de autoparodia.
Cada vez que el asesino está a punto de atacar, la música y los sonidos desaparecen. Lo gracioso del caso, es que no se trata de un truco del director, para preparar el próximo susto: los personajes mismos perciben el silencio innatural y reaccionan por consecuencia. El efecto humorístico es irresistible: parece una burla concebida por Woody Allen o Mel Brooks.
Con sus personajes mal esbozados, interpretaciones endebles y fallidos intentos de asustar, “El títere” genera carcajadas involuntarias, conquistando su propio lugar entre los clásicos de lo peor.
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