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Sábado 8 Noviembre, 2014

En Costa Rica, la libertad y el progreso deben, eventualmente, triunfar sobre la esclavitud y la miseria que trae el socialismo


Caída del Muro de Berlín: 25 años después

El 9 de noviembre celebramos el Día de la Libertad. También celebramos 25 años de la caída del Muro de Berlín, el cual es un ejemplo contundente del fracaso del socialismo y de la planificación central como instrumentos para alcanzar el desarrollo económico y social.
En este día, también debemos reflexionar sobre el hecho histórico que la supresión de la libertad económica siempre va acompañada de la pérdida de las libertades civiles, las libertades políticas, y por violaciones a los derechos humanos.
América Latina parece no haber aprendido estas lecciones. El socialismo del siglo XXI, que se inspira en Hugo Chávez, se nutre de los ladrillos con los que se levantó el Muro de Berlín. El socialismo de Stalin cobró 40 millones de vidas y el de Mao Zedong, en China, 60 millones. El régimen de Venezuela ya está cobrando vidas de estudiantes y presos políticos. El socialismo el siglo XXI no es más que una estrategia de quienes aspiran al poder absoluto, no por medio de la revolución armada, sino a través de la democracia.
Solo el liberalismo económico ha sacado a los pueblos de la pobreza. En el “Reporte 2014 sobre libertad económica en el mundo”, elaborado por el Instituto Fraser, se demostró que el 10% de población más pobre de los países donde hay mayor libertad económica posee un nivel de ingreso superior al promedio del ingreso de los países que tienen menos libertad económica.
Además, al defender la libertad económica, no solo promovemos el desarrollo económico y social, sino que a la vez defendemos las libertades políticas y la democracia. Como bien dijo Hayek, la libertad es una.
En “Capitalism, Socialism and Democracy” (1942), Schumpeter nos advierte del peligro de la creciente burocracia que empieza a tener su dinámica propia en defensa de sus propios intereses. No está mal que cada quien vele por sus propios intereses. Lo malo es la manera de hacerlo.
En un ambiente de libre competencia, la búsqueda de la satisfacción personal promueve el bienestar general de la sociedad. Sin embargo, el gasto público y las instituciones públicas han crecido a niveles tan desproporcionados que la burocracia y los líderes sindicales se han convertido en el principal obstáculo del desarrollo. Sus ingresos se amparan, no en productividad, sino en privilegios que, si bien son legales, son injustos, inmorales y antisociales.
En Costa Rica la fuerza sindical tiene secuestrado al país, con el apoyo del Presidente de la República. No quieren abrir mercados donde los sindicatos ejercen control gracias a privilegios legales. A los sindicalistas no les importa que Costa Rica pierda competitividad, que aumente el desempleo, que suba la tasa de inflación y que aumente la delincuencia.
Ellos saben que la apertura de los mercados y la desregulación son el mejor antídoto contra el despilfarro y los privilegios. Los sindicatos nacieron para proteger al trabajador de la explotación. Eso quedó atrás en la historia y ahora son los sindicatos la principal causa de expoliación del pueblo.
En Costa Rica, la Libertad y el progreso deben, eventualmente, triunfar sobre la esclavitud y la miseria que trae el socialismo.

José Joaquín Fernández

Miembro de la Mont Pelerin Society