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Café en gravedad cero

La creatividad de dos jóvenes costarricenses dio origen a un “infusor espacial” que permite hacer café y crear medicamentos en el espacio

Melissa González
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Todo se inició con una idea del astronauta costarricense Franklin Chang.
El científico buscaba la manera de realizar infusiones en el espacio, y con el apoyo del ingeniero Ronald Chang, de Ad Astra Rocket Company, y profesores del Instituto Tecnológico de Costa Rica (Tec), comenzó a estudiarse la posibilid
ad.
Con este apoyo, se seleccionó un equipo de trabajo que incluyó a los estudiantes Josué Solano y Daniel Rozen, de 23 y 24 años, ambos del Tec.
El equipo incluyó la mano de obra del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), encargado de crear algunas piezas del prototipo y el apoyo de la empresa privada.
La máquina en cuestión vio recientemente la luz. Trabaja por medio de la infusión, proceso mediante el cual se introduce agua en sustancias orgánicas para extraer sus partes solubles.
“Lastimosamente no se puede revelar mucho el funcionamiento ya que nos encontramos patentando la idea en estos momentos. A grandes rasgos homologamos la forma de hacer café de la manera tradicional costarricense, la mayor diferencia es la forma como se calienta el agua, ya que se debió idear una nueva tecnología capaz de solventar la ausencia de gravedad y así calentar la totalidad de la masa del líquido”, comentó Rozen.
Además de hacer café de muy buena calidad en el espacio, la nueva herramienta podría funcionar para hacer de plantas costarricenses productos farmacéuticos.
El aparato se ha ideado para realizar pruebas médicas y analizar el comportamiento de compuestos solubles de ciertas plantas nativas de Costa Rica en un ambiente con ausencia de gravedad.
De esta forma se podrán analizar curas para distintas enfermedades, aprovechando la flora costarricense; el farmacéutico Franklin Binns, de la Universidad de Costa Rica, y el estudiante de diseño industrial, Samir Zaglul, continuarán con esta fase del proyecto.
Con la máquina también se pueden obtener saborizantes y aceites vegetales y calentar combustibles en el espacio.
“La inversión no la cont
abilizamos, ya que algunas empresas nos donaron los materiales”, comentó Solano.
El siguiente paso es darle al prototipo una imagen más trabajada en cuanto al diseño estético para poder comercializarlo y probarlo en la NASA, pues el proyecto ya se ha dado a conocer en países como Chile, México y España con muy buenos comentarios.
“Vamos a continuar con el proceso de investigación, además lo estamos patentando en Estados Unidos y Europa y vamos a buscar apoyo en China para fabricarlo”, agregó Solano.


Curiosidades

• La idea nace con el Dr. Franklin Chang, debido a la falta de máquinas capaces de producir café en el espacio, y él se da a la tarea de desarrollar la primera patente de un “infusor espacial”, pero nunca se llega a materializar hasta este año, cuando su hermano, Ronald Chang y la Escuela de Administración de Empresas del Tec, representada por Gustavo Cubillo, reviven la idea y buscan dos estudiantes de la Escuela de Ingeniería Electromecánica para la construcción del primer infusor.
• Una de las fases más complicadas del proceso fue la investigación, se complicó por la falta de información concerniente a la calefacción de líquidos en el espacio. Para esta fase contactaron al Dr. Herman Merte, profesor emérito de la Escuela de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Michigan, que los guio.
• La segunda etapa complicada fue la fabricación, ya que algunas piezas se elaboraron en el INA y otras en el Tec, entonces había que estar al tanto de ambos centros educativos.
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