Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 22 Enero, 2014

Ninguna publicación noticiosa nos faculta a poner en riesgo la vida de personas secuestradas


Hablando Claro

Cada quien por sus fueros

Defiendo con absoluta convicción y vehemencia el derecho a obtener y difundir información de interés público, que es base y sustento de la libertad de prensa pero también del derecho del público a saber. Defiendo consecuentemente la protección de la reserva de las fuentes de información.
Es bien sabido, que muchos de los asuntos que se pretenden mantener lejos del escrutinio público no podrían develarse si no a través de las filtraciones que nos proporcionan valiosos indicios, datos y documentos. Es la naturaleza y la esencia misma del oficio periodístico. Una tarea de alta responsabilidad que nos encomienda la sociedad y que tiene enorme trascendencia, aún en estos tiempos en los que las redes y en general la internet permiten una interacción nunca antes imaginada para acceder a información de toda naturaleza, en todo tiempo y lugar.
No creo, sin embargo, que los periodistas tengamos patente de corso. No creo en libertades absolutas. Concibo la libertad de prensa delimitada en estrictos cánones de comportamiento ético. En autocontención. En el respeto a la vida humana, al dolor ajeno, al derecho a la intimidad. En esta materia, como dice el adagio bíblico, ciertamente todo nos es permitido, más no todo resulta correcto.
En cuanto a las relaciones de la prensa con las fuentes policiales, es bueno que quienes no conocen este pequeño pero intenso y apasionante mundo, sepan que se trata de relaciones de mucha confianza y de permanentes transacciones e intercambios, donde se llegan a sellar verdaderas alianzas, especialmente para obtener primicias, que son la máxima aspiración para un reportero o un periodista investigador.
Pero es cierto también que se trata de relaciones delicadas, no exentas de excesos. Relaciones en las que no siempre privan loables propósitos. Porque juegan las vanidades, los deseos de protagonismo y hasta oscuros intereses.
Hoy que ha habido todo un revuelo por la denuncia del Diario Extra asegurando que uno de los colaboradores es objeto de acoso y persecución por parte de la policía judicial, debemos ser más honestos y transparentes que nunca. Lo que exigimos a los demás debemos mostrarlo respecto de nuestro comportamiento. Debemos ser precisos a la hora de mostrar los hechos. No valen los excesos en dramas y poses.
Los responsables del OIJ y el Ministerio Público, como lo ha demandado de inmediato con firmeza y contundencia la Presidenta del Poder Judicial, deben explicar a la opinión pública con absoluta claridad si se han excedido en sus potestades en la investigación de supuesta filtración de información confidencial de una de sus funcionarias, extendiendo de manera inapropiada esa indagación al periodista de La Extra.
Es un imperativo para colocar las cosas nuevamente en su lugar y dejar establecido que este es un país donde se respetan histórica y efectivamente, los derechos de la libertad de prensa.
Y de paso, que el hecho sirva para que los periodistas recordemos cuáles son las delimitaciones que deben privar en el desempeño de nuestro ejercicio profesional. Porque ninguna publicación noticiosa nos faculta a poner en riesgo la vida de personas secuestradas como alude el Ministerio Público sucedió con la filtración que se investiga.

Vilma Ibarra