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Miércoles 29 Febrero, 2012

Burocracia para un gobierno fuerte y eficiente

La crisis del modelo de sustitución de importaciones nos condujo a reducir el tamaño del gobierno. Así pudimos estabilizar la economía y liberar recursos para los sectores productivos. Esa reducción “descremó” nuestra burocracia, disminuyendo su calidad, pues se realizó alentando con incentivos la renuncia de servidores públicos y se fueron quienes con mayor facilidad obtendrían buen empleo en el sector privado.
Esto ocurrió cuando el fortalecimiento del mercado requería un Estado más fuerte (no más grande ni arbitrario) para mejorar las instituciones, para la gobernabilidad, el orden de la competencia, el Estado de Derecho, políticas sociales inteligentes y las tareas ordinarias de gobierno como infraestructura, seguridad, educación y salud.
Tenemos un sistema de servicio civil que asegura la inamovilidad y casi nada más. Los salarios e incentivos no responden a las responsabilidades que involucran los puestos. El sistema de selección no discrimina según quien otorga un título universitario. Una maestría ganada en dos o tres años totales de estudio en una carrera no acreditada de una universidad de garaje, le gana a una licenciatura de cinco o seis años en una carrera acreditada de una universidad de prestigio (pública o privada). Así, gran cantidad de profesores de matemáticas, por ejemplo, tienen un título pero apenas si han estudiado los propios textos de secundaria que les tocará mal enseñar. ¿Cómo nos vamos a extrañar de los resultados de las pruebas de bachillerato o de PISA? ¿Cómo nos va a extrañar la dificultad de contratar ingenieros, abogados u otros profesionales de calidad para la función pública en especial del Poder Ejecutivo? ¿Cómo nos van a extrañar los problemas de “la platina”, la calidad de servicios públicos o algunas sentencias judiciales? El sector privado no trata todos los títulos universitarios como equivalentes, y discrimina según carrera y Universidad.

Las calificaciones que les ponen “compañeros” a los funcionarios dentro de nuestro sistema del “pobrecito” son “buenas” o “muy buenas”, y las “buenas” son las de quienes no han reclamado. No hay valoración externa alguna. Los burócratas carecen de incentivos positivos o negativos para estar al día y mejorar su formación profesional, y salvo en pocos campos como medicina, comercio exterior y algún otro, el Estado no los promueve.
Para mejorar el gobierno urge reformar el servicio civil. Para trabajar en la función pública, solo se deberían aceptar títulos de carreras debidamente acreditadas. Aquellos que tengan otros títulos tendrían que revalidarlos en exámenes periódicos de comités integrados por el servicio civil y el colegio profesional respectivo. Las calificaciones y estabilidad de los funcionarios deben estar sujetas a pruebas de competencia realizadas cada cuatro o cinco años por entes evaluadores externos de reconocida calidad.
Sin una reforma de esta magnitud difícilmente alcanzaremos el gobierno que la Costa Rica del siglo XXI necesita.

Miguel Angel Rodríguez E.
Ex Presidente de la República
Ex Secretario General de la OEA