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Sábado 22 Diciembre, 2007

Brújula desmitificada


Contrario a lo dicho por algunas personas, la película “La Brújula Dorada” no tiene por qué poner en juego la fe de quien la vea, siempre y cuando se considere que los que se narran, como en otras películas de fantasía, son eventos ficticios.
En “El Señor de los Anillos”, vimos un mundo mítico creado por una especie de dioses falibles llamados “Ainur" y un malvado que es nuestro equivalente a un ángel caído. Sin embargo, lo anterior no puso en jaque las creencias religiosas de ningún espectador.
En el caso de “La Brújula Dorada” vemos un mundo donde las almas de los seres humanos son representadas con animales, sin embargo esta idea no es creación de un opositor al cristianismo, sino una evocación del pensamiento griego (del Daimon socrático).
La saga también nos presenta al Magisterio: una especie de Gobierno, similar a nuestra Iglesia de la Edad Media, que negaba cualquier avance científico que contradijera la fe. Pero debe quedar claro que ni el libro ni la película representan a nuestro mundo, no hablan de nuestra Iglesia y sobre todo, que no son reales.
Aun cuando en sus “Crónicas de Narnia”, C.S. Lewis intentó plasmar su cristianismo, difícilmente muchos niños (y adultos) podrán reconocer a simple vista la correspondencia que hace el autor entre un León parlante y Jesucristo. De igual manera, no esperemos que a primera vista “La Brújula Dorada” quebrante los valores que enseñamos a nuestros hijos en casa (mientras se los enseñemos).
No tiene sentido prohibir a los más jóvenes ver la película, de una u otra forma se enterarán de lo que pasa en ella. Lo que tiene sentido es que nosotros conozcamos de qué trata y que ayudemos a nuestros hijos a discernir la realidad de la fantasía.

Rafael León Hernández
Psicólogo