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Germinan prototipos de plantas genéticamente mejoradas en el país
Brotan alternativas ante agroquímicos

• Biotecnología reduciría los riesgos del uso de agroquímicos sintéticos
• Estos últimos aún predominan en sembradíos locales por el carácter masivo de su aplicabilidad

Eduardo Baldares
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Los defensores de los agroquímicos sintéticos sostienen que no existen sustancias más eficaces contra plagas y demás flagelos de los vegetales consumibles, y que los riesgos que conllevan son más producto del mal empleo que de su toxicidad implícita.
Sus detractores los repelen; por encima de severas restricciones instan a la prohibición de los compuestos más cuestionados y polémicos e impulsan la agricultura orgánica, pero los primeros discuten sus posibilidades reales de masificación y efectividad para alimentar a la población mundial.
En medio de las posiciones antagónicas surge la biotecnología moderna, que no es otra cosa que la búsqueda del me
joramiento genético de las plantas para que sean resistentes a plagas, enfermedades, agrotóxicos y demás amenazas para las cosechas y quienes las consumen.
La industria de sustancias químicas-sintéticas surgió para controlar plagas y enfermedades que ponen en riesgo la producción agrícola masiva, es decir, la que satisface la demanda global, pero ha sido objeto de críticas por algunas de ellas que contaminan el ambiente, generan intoxicaciones o presentan algún grado de residualidad peligrosa.
“Para sacar un compuesto al mercado es necesario cumplir con requisitos onerosos, que conllevan estudios ambientales estrictos en muchos ámbitos y que toman años, y todo para que al final el producto sea cuestion
ado, por lo que se está dando un impulso a la biotecnología moderna, que también implica una fuerte inversión, pero que quizás por ser más ecológica está tomando fuerza”, explica Alex May, jefe del Programa de Biotecnología del Ministerio de Agricultura y Ganadería.
La biotecnología aplicada a la agricultura es el mejoramiento de los genes para que las plantas desarrollen sus propios mecanismos de defensa. Por ejemplo se puede “programar” una planta para que sea resistente a una enfermedad concreta, produzca su propio insecticida natural, o desarrolle tolerancia a sustancias químicas.
Aunque Costa Rica es líder en la producción de semilla de base genética, estas se han desarrollado para cultivos de “comida” —como arroz, maíz, trigo y soya—, que no es el fuerte del país, por ser más bien productor importante de “postres” —bananos, piña, melón y café—. “Esta tecnología es en estos momentos para la exportación a países como Estados Unidos”, afirmó May.
“No obstante, ya tenemos avanzado un tipo de banano resistente a la sigatoka negra, una de las amenazas más terribles para esta fruta”, aseguró el científico.
Esta ciencia “apenas” va por su primera generación, que es el mejoramiento de genes para hacer a las plantas resistentes a sus principales enemigos, como un tipo de maíz que crea su propio insecticida natural.
La segunda generación será de plantas que además de tener un sistema inmunológico sumamente desarrollado posean niveles nutricionales superiores, como aceites reducidos en colesterol dañino y optimizados en el positivo.
Y la tercera, productos derivados de plantas genéticamente mejoradas; “como plásticos biodegradables, medicamentos, vacunas y, por supuesto, plaguicidas biotecnológicos. La meta es tener injerencia directa en las industrias m
édica, farmacéutica, agrícola y hasta energética, con el biodiésel, por ejemplo”, ilustró el científico.
Mientras esta novedosa forma de producir se afianza en el país, los expertos consultados opinan que si bien es masificable, tomaría unos diez años su consolidación. Entre tanto, el sacerdote y activista ambiental limonense, Gerardo Vargas, denuncia que los compuestos sintéticos siguen causando problemas en la salud de sus coterráneos, por lo que promueve la agricultura orgánica.
“Los campesinos de la Asociación de Pequeños Productores de Talamanca (Appta) están demostrando que sí se puede sembrar sin contaminar; ellos están vendiendo, sobre todo para el mercado nacional, un producto limpio, saludable”, enfatizó.
En la Cámara de Insumos Agropecuarios defienden la correcta aplicación de sustancias químicas-sintéticas, argumentando que son más efectivas para combatir los flagelos que amenazan la alimentación mu
ndial, sin las cuales estaría en peligro.
“La biotecnología es un proceso incipiente, que se tiene que complementar con la industria tradicional, pero sí está claro que hoy por hoy no hay como estos productos (químicos sintéticos) para combatir enfermedades, plagas y demás”, dijo Sergio Herrera, de la Comisión Técnica de la Cámara, sobre la biotecnología.
En cuanto a la agricultura orgánica, consideran que no permite abarcar con seguridad extensiones tan grandes como las requeridas para satisfacer el consumo mundial.
Sobre los compuestos Paraquat, Glifosato, Metomil, Carbofurán, Terbufós, Metamidofós, Mancozeb y Clorotalonil, objeto de cuestionamientos en un informe publicado en 2006 por parte de la Contraloría General de la República, Sergio Herrera, de la Comisión Técnica de la Cámara, explicó que “como todo agroquímico, tienen su riesgo, pero el problema es el manejo, no el producto en sí, porque incluso las estadísticas nos dicen que el mayor número de intoxicaciones es en productos con perfiles menores de toxicidad”.
Su compañero Erick Arce manifestó que “estos insumos son de gran calidad, permiten la alimentación de la humanidad al combatir las amenazas a los productos, pero claro, se tienen que usar bien”.






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