Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 16 Noviembre, 2012

La puesta en escena de GALILEO, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro, constituye un fascinante alegato en pro del pensamiento crítico científicamente fundado y sus consecuencias políticas


Brecht-Galileo en La CNT

Deseo hoy ocuparme de la puesta en escena de GALILEO, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro. Esta pieza es la obra cumbre de uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX, el alemán Bertold Brecht, quien se destacó por sus obras y por sus innovaciones, justificadas en sus profundos ensayos sobre estética.
Ya el año pasado la CNT había llevado a las tablas otra pieza maestra de Brecht, MADRE CORAJE.
Ambas puestas en escena merecen destacarse, tanto por su escenografía y sus protagonistas, como por la vigencia del mensaje.
Concretamente, GALILEO constituye un fascinante alegato en pro del pensamiento crítico científicamente fundado y sus consecuencias políticas.
De ahí que se ponga de relieve la dimensión heroica en el comportamiento del genio toscano; lo cual acerca la dramaturgia brechtiana al teatro de caracteres y su dimensión didáctica.
Sin descuidar lo anterior, en la actual puesta en escena dirigida por el joven y talentoso Andrés Montero, el énfasis mayor está en el texto, en el mensaje o ideario, de Brecht más que de Galileo.
La condena a Galileo por parte de la Inquisición se atribuye, no tanto a sus descubrimientos científicos, cuanto al temor de la corte papal de que estos sean divulgados entre el pueblo que, sin embargo, los aclama hasta en los carnavales.
Ante los reproches de sus discípulos que acusan al maestro por “claudicar” de sus convicciones, por las que ha luchado toda su vida, Galileo se comporta como un sabio que deja al tiempo el papel de criterio último de verdad y, por ende, como tribunal inapelable cuando de grandes conflictos históricos se trata.
Ambas dimensiones, la propia del teatro de caracteres y la del drama histórico, conviven en Brecht, por lo que el énfasis en una u otra en las interpretaciones son legítimas.
Toda puesta en escena es una interpretación del director, dado que la dramaturgia brechtiana oscila entre el énfasis en los personajes y “el arte comprometido”, donde el mensaje es lo principal.
La puesta en escena de la CNT es dinámica en el tempo escénico y aprovecha ingeniosamente el espacio al convertirlo en un anfiteatro. La actuación de Gerardo Arce pone de relieve el carácter de sabio de Galileo. Soberbia la actuación de Rodrigo Durán como un lascivo purpurado. Igual mención merecen Arturo Campos y Alonso Venegas.
Respecto de los jóvenes actores tengo una opinión dividida. Por un lado demuestran haber recibido una buena formación en actuación. Pero, por otro, tienen el defecto de una pésima dicción. Cuesta entenderles. Es urgente que reciban cursos de fonética y retórica, porque parecen ignorar cosas tan elementales como que, cuando se habla en un escenario, no se le habla solo al vecino sino también al último de la fila, de modo que nadie deba hacer esfuerzos —máxime en una obra larga y compleja como esta— para seguir un diálogo, que es precisamente lo más importante en el teatro de Brecht.
Ojalá el Ministerio de Cultura llegue a un convenio con el de Educación para que los estudiantes puedan ver la obra aunque haya que acortarla y organizar foros.

Arnoldo Mora