Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 26 Noviembre, 2010


Brasil, potencia mundial


En octubre estuve en Río de Janeiro en el V Encuentro organizado en el Palacio de Itamaraty sobre “Política exterior e internacional de Brasil en el mundo que viene”. Participaron unas 550 personas, en su mayoría profesores universitarios de todo el país y de todas las tendencias ideológicas y partidarias. Los invitados de fuera provenían de países limítrofes. Solo yo no venía de esas regiones. Por eso sentí que mi responsabilidad era convertirme en la voz no solo de Costa Rica, sino de los países de la Cuenca del Caribe. Lo dicho se reflejó en la forma en que fue organizado el evento, que giró sobre la visión de Brasil en torno a los grandes temas y regiones del mundo actual, pero la Cuenca del Caribe no fue tocada. Para cada tema se invitó como expositores, además de los expertos de Itamaraty, a representantes de los países aludidos.
Como se permitía al público tomar la palabra, hice uso de esa prerrogativa. El Caribe ha sido históricamente la región más importante, geopolíticamente hablando, hasta el punto de que, es mi convicción, el que lo controla, asume un papel hegemónico en todo el Continente, algo así como el Mar Mediterráneo en Europa. Por eso en mi intervención no solo aludí a acontecimientos históricos desde la llegada de Colón (que no pasó de las aguas del Caribe) hasta nuestros días. Les recordé a los brasileños que su país era también parte del Caribe, su extremo Sur, dado que el Nordeste es cultural y étnicamente afroamericano. Les insistí en que era un error mirar solo hacia el Sur, pues la Cuenca del Caribe, que va hasta la Península norteamericana de Florida y abarca no solo las islas, sino todo el litoral oriental de Centroamérica (excepto El Salvador), Colombia y Venezuela, termina en esas tierras. Me aplaudieron porque era una voz que no esperaban. Les pareció interesante. El Embajador Jerónimo Moscardo, presidente del Instituto, me dijo palabras de entusiasta aprobación.
Es cosa que he venido diciendo desde hace años. Quizás por eso la embajada brasileña en San José insistió en que me invitaran. La política exterior de Brasil solo mira como región de influencia geopolítica, a América del Sur y, de manera particular, consideran como estratégica la alianza con Argentina. Por eso el único no brasileño invitado a la mesa principal, tanto en la inauguración como en la clausura, fue un profesor jubilado de la Universidad de Buenos Aires.
Este Encuentro tenía como objetivo principal mostrar a propios y extraños que Brasil con el presidente Lula había logrado convertirse en una potencia mundial. Están seguros que en los próximos años y manteniendo el ritmo de crecimiento actual, todo el mundo terminará por reconocerles el puesto 5. En lo personal, adhiero a la posición brasileña. La participación en este evento me convenció de que efectivamente se han convertido en una potencia emergente. Ligado como he estado a la solidaridad con los pueblos de Nuestra América, eso constituye una de las mayores satisfacciones de mi vida política. Nunca imaginé poder ver que un país de nuestra empobrecida y marginada América Latina llegara a esas alturas. Brasil lo ha logrado teniendo como líder indiscutible a un dirigente sindical, obrero siderúrgico, perseguido y torturado bajo la primera y más larga dictadura de Seguridad Nacional... Pero de Lula y de Dilma hablaré en próximo artículo.

Arnoldo Mora