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“Bonos chinos” bien vendidos

La administración Arias manejó de forma loable la venta de los bonos a China


En las últimas semanas, mucha gente ha criticado al presidente Oscar Arias por la venta, a la Republica Popular China, de unos bonos costarricenses por un valor de $300 millones, sin divulgar la tasa de interés que los asiáticos iban a pagar.
Deberíamos más bien felicitarlo por haber logrado una sobresaliente negociación.
Decir que la administración nunca debe esconder los detalles de cualquier actuación es fácil.
Pero en el mundo real es importante, y a veces aun esencial, que el Poder Ejecutivo maneje alguna negociación de manera confidencial, siempre y cuando se observen cinco condiciones: que no haya enriquecimiento ilícito, que no se incumpla ninguna ley, que el país reciba un beneficio significativo, que el riesgo asociado con el resultado de aquella negociación sea mínimo, y que ese resultado se divulgue en el momento en que el público lo solicite de conformidad con lo que establece la ley, para que se juzgue.
De hecho, la actuación de la administración Arias en este caso ha satisfecho todas estas condiciones.
En el punto más importante, o sea el de la mala fe, no hay ninguna indicación de que el Presidente o cualquier miembro de su equipo haya recibido algún beneficio personal.
En lo que a la segunda condición se refiere, se ha denunciado al gobierno por permitir a China adquirir los bonos como deuda interna, de modo que la transacción no sea revisada por la Asamblea Legislativa; sin embargo, no hay nada ilegal en absoluto en que un extranjero compre bonos de este tipo, más bien esto es una práctica común.
Pasando al tercer requisito, es evidente que el Presidente obtuvo un importante beneficio para el país, al conseguir el compromiso por parte de Pekín de comprar los bonos a una tasa de interés de tan solo el 2% a un plazo de 12 años, de modo que el valor presente del ahorro para el país es de unos $100 millones.
Es cierto que China solicitó que no se revele aquel trato preferencial.
Sin embargo, la confidencialidad se pidió por una razón comprensible, o sea al conceder un beneficio especial a Costa Rica, Pekín no quisiera que los demás países le exijan lo que la administración Arias obtuvo.
En cuanto al cuarto punto, es bastante seguro que el trato que se hizo no expone a Costa Rica a ningún riesgo.
Es posible pensar que una administración aproveche esta confidencialidad para hacer negocios ilícitos mediante una emisión de bonos.
Pero en realidad es casi improbable que suceda eso, por los grandes problemas técnicos asociados con cualquier intento de montar un esquema tal, además la conspiración quedaría descubierta por los mecanismos de control o a más tardar por la siguiente administración.
Finalmente, las partes no reveladas del acuerdo con China por esas mismas razones salieron a la luz, de modo que al público, así como a la historia, les corresponde determinar si se hicieron las cosas bien o mal.
Ciertamente en el universo ideal no debería ser necesaria la confidencialidad (en aquel universo tampoco se rogaría que nos ayuden China, Venezuela, Estados Unidos y todos los demás).
Pero en el mundo real, la administración Arias en este caso ha hecho una labor inteligente, que merece no un arrebatamiento sino una alabanza.
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