Bonanza petrolera pasa inadvertida
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Bonanza petrolera pasa inadvertida


Caracas- El guardia de seguridad Efraín Rengifo hace fila afuera de una tienda de alimentos del Gobierno ubicada a un día en auto de la Franja del Orinoco de Venezuela, en donde se encuentra el mayor depósito líquido de crudo del continente americano que contribuyó a financiar los $13.900 millones gastados en programas sociales el año pasado.
La fila llega hasta afuera de Super Mercal en Barinas, capital de la región productora de carne del estado en el que nació el presidente Hugo Chávez. El mandatario socialista intenta redistribuir la riqueza del país, contrarrestar la influencia de Estados Unidos y deshacerse de los “antivalores” del capitalismo. El socialismo es Cristo; el capitalismo, Judas, dice Chávez.

Rengifo hace cola con su esposa en pleno calor de abril, mientras vendedores ambulantes ofrecen arepas y raspados. Lleva puesta la camiseta roja de un programa de educación establecido por Chávez, que ha definido al socialismo como “atender todas las necesidades de todos”.
Ese día Super Mercal no cumple esa promesa. En un país bendecido con suficiente crudo como para ser el sexto pr
oductor de la OPEP, la tienda no tiene leche, pollo, aceite de cocina ni harina.
“Para encontrar todo lo que uno busca hay que atinarle al día”, dice Rengifo, de 43 años.
El predicamento de Rengifo es un símbolo de la deformada economía que se ha instaurado en Venezuela. El valor del petróleo ha aumentado a más del doble en el último año, pero eso no ha significado que haya comida en la mesa de los venezolanos. Los productos básicos, cuyo precio está controlado, escasean frecuentemente. La producción de carne disminuyó el año pasado aunque la demanda de los consumidores aumentó. Los venezolanos compran automóviles nuevos como inversión. El mercado negro de cambio está floreciendo. Y en abril la inflación fue del 29% anualizado. Los alquileres en los vecindarios de clase media de Caracas se han disparado a niveles similares a los de Nueva York: un piso de dos recámaras cuesta hasta US$4 mil al mes.
Hay salmón ahumado y vinos franceses en las tiendas, pero Chávez encontró necesario ordenarle a la estatal Petróleos de Venezuela que formara una división para distribuir porotos y arroz.
“Actualmente Venezuela es un lugar paradójico, la paradoja de la abundancia”, dice Leopoldo López, alcalde del distrito caraqueño de Chacao de 37 años de edad que estudió en Estados Unidos y líder del partido de oposición Un Nuevo Tiempo. “Hay mucho petróleo, y muchos dólares entrando de la industria petrolera, pero no tenemos suficiente comida”.
La escasez está afectando el apoyo público a Chávez, que alguna vez fue inquebrantable. Su popularidad, medida por la encuestadora de Caracas Datanálisis, cayó a 51,8% en febrero desde 75,4% en junio del 2006. Alrededor del 71% de los venezolanos dicen que no aprueban la manera en la que el presidente ha manejado el suministro de alimentos, en comparación con alrededor de 38% en octubre.
En la mayor parte de Latinoamérica no se ha presentado la ansiedad por el abasto de alimentos que ha estallado en países como Filipinas. Sin embargo, Venezuela es la excepción. Si el desabastecimiento se intensifica, podría
producirse una crisis económica y política, dice Edwin Gutiérrez, que administra unos $5.500 millones en deuda de mercados emergentes en Aberdeen Asset Management Plc en Londres.
La leche pasteurizada reapareció en las tiendas con mayor regularidad después de que Chávez eliminó los controles de precios y dio a los importadores prioridad para que compraran los dólares que necesitan. No obstante, maniobras como esta atizan la inflación. En Caracas el precio de los alimentos se disparó 42% en abril con respecto al año anterior. En abril Chávez eliminó los controles del huevo y subió el precio regulado del pollo para mitigar la escasez.
Chávez ha logrado algunas de sus metas. En asuntos internacionales, forjó una coalición antiestadounidense formada por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y, hasta cierto punto, Argentina.
En Venezuela el Gobierno ha traído a miles de médicos cubanos. En abril Chávez subió el salario mínimo 30% al equivalente a $372 al mes, el más alto de Latinoamérica. En 2007 ya lo había subido 20%.
Quienes ganan el salario mínimo también pueden recibir cupones de comida, que sirven para comprar unos $186 de alimentos al mes. El Gobierno dice que la tasa de pobreza —medida por la capacidad de una familia para comprar productos básicos — cayó a 34% en 2007 desde 62% en 2003.
Y el alza en los salarios está impulsando la demanda: las ventas minoristas subieron un promedio de 42% en 2007 con respecto a los niveles del año anterior.
La economía venezolana de $182 mil millones ha crecido más de 12% en promedio en los últimos cuatro años, el ritmo de expansión más elevado entre las principales economías de América Latina.

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