Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 22 Junio, 2011


Hablando Claro
Bombas de tiempo


Prácticamente al mismo tiempo que la presidenta Chinchilla confirmaba que el privado de libertad que lideró el frustrado intento de fuga de La Reforma semanas atrás, había sido asesinado (para silenciarlo), en Guatemala se desarticulaba un intento similar, incluyendo la incautación hasta de paneles solares para cargar los celulares. Hace ya más de una semana, un amotinamiento exigiendo mejores condiciones ha dejado entre 22 y 60 muertos en una cárcel al norte de Caracas, donde ni siquiera el ejército ha sido capaz de contener la explosiva situación que tiene al gobierno venezolano en crisis. Es el desenlace no sorpresivo del hacinamiento de una prisión con capacidad para 1.500 prisioneros pero donde cohabitan 3.500 seres humanos.
En diciembre pasado el presidente Sebastián Piñera admitió luego de un incendio en una cárcel que dejó casi un centenar de muertos que las condiciones del sistema penitenciario chileno “son infrahumanas y ya no dan para más”.
Estos son solo tres ejemplos de una situación que se repite por toda la geografía de nuestra América Latina. Es uno de los que temas que contemplan hoy en Guatemala los presidentes centroamericanos con sus homólogos de México y Colombia y la secretaria de Estado de Estados Unidos cuando refieren a la urgente necesidad de una visión regional, en tareas tan complejas como el combate del delito, la prevención, la rehabilitación, la reinserción y la seguridad penitenciaria.
Sin duda urgen recursos para construir más cárceles porque efectivamente la situación es infrahumana o en los mejores casos apenas aceptable. Pero conseguir más recursos es solo una parte del problema. El ex director de Adaptación Social y actual consultor del ILANUD, don Guillermo Arroyo, sostiene que en muchos sistemas penitenciarios la inversión en programas de inserción para la población privada de libertad no llega ni siquiera al 1% del presupuesto. Mientras tanto el hacinamiento carcelario oscila entre el 20% y el 132% de la capacidad. En algunos países las muertes por año en las cárceles llegan hasta los 250 privados de libertad. Y la población carcelaria se duplicó en 20 años. Y seguirá en aumento, porque los ninis (ni trabajan ni estudian) de hoy son los mejores candidatos a la reclusión del crimen y las mafias. Siendo así: ¿cuándo reforzaremos nuestros programas sociales con un enfoque integral? ¿Cuándo será la educación el “proyecto país” más importante de nuestros estados?
Debo admitir que cuando escucho hablar a expertos como don Guillermo Arroyo sobre estos desafíos, no puedo evitar irritarme ante las “luchas” de los sindicatos de la educación que están ahora “ocupados” llamando a huelga y gastando plata en campos pagados de televisión, adversando el sentido común y la buena fe de una propuesta simple y sencilla de acomodo de los tiempos lectivos. Deberían ser ellos los primeros en luchar por el mejoramiento de las herramientas de capacitación de sus afiliados y por la mejora de la educación en su conjunto. Porque todos deberíamos enfocarnos más en la gente, en los seres humanos y el derecho indiscutible a las oportunidades de una vida digna. Antes que condenar a muchos de los niños y jovencitos de hoy a llenar las cárceles que no tenemos.

Vilma Ibarra