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¿Berrocal solo?

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 03 abril, 2008


¿Berrocal solo?

De cal y de arena
Alvaro Madrigal

Cayó Fernando Berrocal. De nada le valieron las reiteradas muestras de confianza que le dedicó el presidente Arias. Al final lo desautorizó, le zafó la tabla y lo dejó colgando. Así no precisaba su renuncia ni había que pedírsela. Sin tabla terminaría cayendo. ¿Quién lo empujó a un manejo imprudente y chambón de un asunto sumamente delicado? Ni tonto ni párvulo, Fernando Berrocal (a diferencia de Kevin Casas) tiene carrera política larga y muchos años de servicio público y partidista. Sabe lo que es el juego de fuerzas y la puja política, el poder de los grupos de presión y la usual metamorfosis presidencial. Entendió lo que tenía que hacer con la corrupción que le reventó en la cara al llegar a los ministerios de Gobernación y de Seguridad Pública, y con el descomunal desafío que para Costa Rica representa la penetración del narcotráfico internacional. Con la ayuda de la DEA, de terceras partes y de capaces oficiales obtuvo estimulantes resultados, que también revelan un mundo alarmante. Mas en punto a la arremetida del hampa que nos ha sumido en la más grande inseguridad, la gestión de Berrocal deja mucho que desear y pone al gobierno Arias en mal predicado cuando frisa la mitad de su periodo y el tiempo ya le pesa.

Inesperadamente revienta la cuestión de las FARC, de la computadora de Raúl Reyes y de los $480.000. De Colombia llega información altamente delicada, extraída de ese ordenador al que Belcebú le confirió una capacidad de resistencia a los bombardeos superior a la del acorazado Missouri, aunque no para resistir manoseos de ciertos servicios secretos. Obviamente, tan delicada información fue conocida, comentada y dimensionada por Roberto Solórzano, Rodrigo y Oscar Arias, y Fernando Berrocal. ¡Eureka!, había aparecido el soplete de llama inextinguible ideal para reducir a cenizas al adversario y para asustar al país con tal amenaza y reagruparlo bajo la inspiración de este gobierno. Toda una estrategia. Como la del memorándum. Al final hasta con chivo expiatorio: Casas ayer, Berrocal hoy. Con el mismo verdugo y la misma guillotina.

Para mí la información —que el ministro Arias Sánchez acepta también como delicada en extremo— la conoció la cúpula. No me es digerible la versión de que Berrocal, solito, la tuvo y que solito resolvió divulgar lo crítico del material que le dio el jefe de la policía colombiana. Más de uno debe haberlo decidido, con la misma inspiración con que se redactó el memorándum. A lo Torquemada, a lo McCarthy. Así se ganó el referéndum. Que la indiscreción la dosificara mal, con torpeza e imprudencia, eso es otra cosa. Afectó centros de poder intocables en una coyuntura crítica para el trámite de las leyes de implementación del TLC. La alianza del PLUSC lo tumbó. Como a Casas, los Arias lo dejaron colgando. Pero el delicado problema de fondo no se ha superado. Con tan poca luz y tanta oscuridad el país seguirá reclamando transparencia hasta rescatar la verdad.

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