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Presidente de la Reserva Federal de EE.UU. entonó una especia de “mea culpa”
Bernanke pide reformas para evitar crisis futuras

Propuesta buscaría que instituciones demasiado grandes tengan una supervisión más rigurosa para impedir que asuman riesgos excesivos

Washington
EFE

Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, solicitó ayer reformar las regulaciones financieras del país para evitar crisis tan graves y pidió al resto de Gobiernos una actuación “contundente” para capear las actuales turbulencias.
El responsable de la Fed entonó, además, una especie de “mea culpa” por la crisis financiera global en nombre de Estados Unidos y de las otras grandes economías del planeta, que no invirtieron de forma “prudente” los enormes flujos de capital que desembarcaron en sus mercados en la última década.
Señaló que Estados Unidos y en menor medida otras naciones industrializadas se convirtieron en receptoras desde mediados de los 90 de los multimillonarios ahorros acumulados en los países emergentes.
Bernanke explicó que los detalles que condujeron al actual apocalipsis son “complejos”.
Pero precisó que, en líneas generales, lo que ocurrió fue que tanto los sistemas de riesgos del sector privado como los reguladores del Gobierno de Estados Unidos y otros países ricos fracasaron en su tarea de asegurar que la avalancha de capital se invirtiese de forma prudente.
Ese fracaso ha causado una crisis de confianza entre los consumidores y la “paralización de los mercados de crédito”, continuó Bernanke.
Para impedir que se repita una crisis de las proporciones actuales, propuso implementar reformas que refuercen la supervisión de los bancos, fondos de inversión y grandes instituciones financieras.
“Necesitamos tener una estrategia que regule el sistema financiero en su conjunto, en una forma integral”, afirmó en un centro de estudios en Washington.
Bernanke mencionó cuatro puntos que deberían guiar la reforma de la regulación, entre ellos que el Congreso apruebe legislación para que el desplome de una institución no genere una situación caótica.
Además, las instituciones demasiado grandes, cuyo fracaso representa un peligro para el sistema, deberían ser sometidas a una supervisión más rigurosa para impedir que asuman riesgos excesivos.
El tercer punto pide la revisión de las políticas reguladoras y contables para asegurar que no magnifiquen las fluctuaciones en el sistema financiero y la economía.
Para finalizar, el Gobierno debería considerar crear una autoridad responsable de forma específica de supervisar riesgos y proteger al país de crisis como la actual.
Por otro lado, en el futuro inmediato Bernanke considera necesario que los Gobiernos alrededor del mundo sigan adoptando “medidas contundentes y, cuando sea oportuno, acciones coordinadas para restaurar el funcionamiento de los mercados y el flujo del crédito”.
Pese a todo, alertó de que sus recetas no impedirán que vuelva a haber crisis, un fenómeno a su juicio recurrente durante los últimos siglos.
“Incluso con estas acciones que he delineado es poco realista esperar que las crisis financieras se eliminen por completo, sobre todo mientras mantengamos un sistema dinámico e innovador”, dijo el presidente de la Fed.
Insistió en que lo que sí pueden conseguir las medidas propuestas es que las crisis sean “menos frecuentes y menos virulentas, y por lo tanto contribuir a un mejor funcionamiento de la economía a nivel nacional y global”.
Su discurso se produce en medio de un acalorado debate sobre el intervencionismo público en el sector financiero.
El Gobierno tiene ya una participación mayoritaria en la aseguradora AIG y se ha convertido en un importante accionista de Citigroup, el que un día fuera el mayor banco del mundo.
El fin de semana pasado, los senadores republicanos John McCain y Richard Shelby dijeron que el Gobierno debería permitir que algunos de los grandes bancos estadounidenses cierren sus puertas.
Pero Bernanke dejó claro que los planes del Gobierno no apuntan en esa dirección.
“Hemos reiterado la determinación del Gobierno estadounidense de asegurar que las instituciones financieras importantes desde el punto de vista sistémico pueden seguir cumpliendo con sus obligaciones”, afirmó.
Además de Citigroup, también están en una situación delicada Bank of America, la filial estadounidense de HSBC, Wells Fargo y J.P. Morgan Chase, que han registrado grandes pérdidas por sus operaciones de derivados.


Culpable

El financiero estadounidense Bernard Madoff planea declararse culpable de los delitos que se le imputaron por haber orquestado la que podría ser una de las mayores estafas de la historia, y por los que podría ser condenado a prisión de por vida.
En una vista judicial, los abogados del financiero neoyorquino de 70 años, bajo arresto domiciliario en su apartamento de Nueva York desde que en diciembre se conoció que había montando un gigantesco esquema Ponzi, aseguraron al juez Denny Chin que éste se declarará culpable cuando vuelva a la corte el próximo jueves.
Previsiblemente en esa vista Madoff admitirá su responsabilidad en los once delitos que se le imputaron, entre ellos fraude con acciones, en asesoría de inversión y en transferencia bancarias, fraude postal, declaraciones falsas y perjurio.
La Fiscalía detalló que también lo considera culpable de haber facilitado información falsa a la Comisión del Mercado de Valores y haber robado fondos de inversión de trabajadores, al tiempo que se le atribuyen tres delitos de lavado de dinero.
Todos esos cargos implican una condena de un máximo de 150 años de prisión, lo que equivaldría a una pena de cárcel de por vida, por haber montando una estafa aprovechando su buena reputación en el mundo financiero y haber lavado parte del dinero ganado.
“Además, se enfrenta a multas de hasta el doble de las ganancias o pérdidas brutas derivadas de sus delitos”, explicó la Fiscalía en un comunicado en el que añade que “también se reclama la confiscación de todo lo recaudado a través de sus delitos y de toda propiedad relacionada con el lavado de dinero”.
De ser ciertas las acusaciones y su propia confesión, Madoff habría estado captando durante años dinero de todo tipo de inversores, desde particulares hasta grandes bancos y fondos de inversión de todo el mundo, bajo la promesa de altas y constantes rentabilidades.
Esos recursos los habría estado utilizando directamente para pagar los intereses prometidos al resto de los inversores, en lugar de acometer estudiadas inversiones bursátiles.
Cuando la entrada de fondos escaseó y el interés de los inversores por retirar su dinero aumentó, la estafa se destapó.


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