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Viernes, 19 de julio de 2019



COLUMNISTAS


Benemeritazgos nacionales colectivos

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 19 junio, 2019


Pizarrón


Hay una tendencia, entre los diputados, con más fuerza recientemente, de otorgar Benemeritazgos nacionales colectivos, y de estar proponiendo fechas nacionales, por montón, a modo de celebración de Efemérides Patrias. También la tendencia se inclina a dar más Benemeritazgos, por cantidad, para tratar de igualar absurdamente el número de mujeres Beneméritas con los hombres que han recibido esta distinción.

En el caso de las fechas hasta proponen más días feriados, cuando algunas de esas fechas, que no tienen precisión histórica, pueden establecerse para días como sábados o domingos, primer, segundo, tercer o cuarto de cada mes, aunque suceda que hay veces que se cuela un quinto fin de semana.

En Costa Rica tenemos muchas fechas para celebrar y conmemorar. Las hay que son las fechas nacionales por excelencia, con su respectivo feriado y celebraciones públicas. Algunas las devaluaron cuando les cambiaron el día preciso de celebración moviéndolo para otro día de la semana.

Están las fechas del calendario escolar, que han dejado de celebrarse, las del calendario del Ministerio de Agricultura, que también se celebraban y están, entre otras, las internacionales de las Naciones Unidas y de sus Organismos Internacionales, de los que forma parte Costa Rica, que también se conmemoran, sin feriados obligatorios y que se celebran en el Día fijo para ellas. Están también las fechas propias de algunas instituciones que se celebran al interior de sus paredes…Y…están las fechas de la religión católica, unas internacionales, otras nacionales y parroquiales…y de santos y vírgenes…

Aquí, la tendencia es a poner más fechas a celebrar más por ocurrencia de los legisladores y por cálculos político populistas que por reflexión serena e histórica que las justifique. Pareciera más por razón histérica que se proponen.

El Benemeritazgo como reconocimiento patrio se estableció desde el Siglo XIX, principalmente a personas, a quienes se les reconocían méritos y aportes significativos al desenvolvimiento político institucional y cultural educativo del país.

Empezó dándose principalmente a Jefes de Estado y Presidentes de la República, a algunos en vida y hasta en ejercicio del cargo que tenían, como a Juan Rafael Mora Porras. Después se prohibió que se dieran en vida y luego se volvió a establecer la posibilidad de que este reconocimiento se hiciera en vida del merecedor del Honor Nacional que le distingue. Incluso se había llegado a establecer en algún momento que debían pasar cinco años de fallecimiento para que pudiera hacer un reconocimiento de este tipo, suponiendo un tiempo prudencial de valoración de los méritos de la persona propuesta para ese reconocimiento, después de su muerte.

El Poder Legislativo, el Congreso o la Asamblea Legislativa, es la institución que ha tenido a cargo la responsabilidad de hacer estos reconocimientos y Declaraciones de Benemeritazgos. En el trámite de los mismos se ha seguido la tradición de que el estudio de las personas sujetas a recibir este reconocimiento se hace en una Comisión Legislativa que al efecto funciona, y cuyos miembros son de absoluto secreto de su integración, para evitar que sufran presiones o acosos, en su trabajo. Esta Comisión puede citar especialistas y personas que consideren para oír opiniones o solicitar exposiciones o informes, por escrito, sobre el candidato existente, para tener mejor criterio de decisión. En una ocasión a mí, como historiador, me pidieron una opinión sobre un expediente que tenían en trámite. Y una vez que establecen el Dictamen favorable lo pasan al Plenario Legislativo donde, ya de manera pública, se conoce y discute la propuesta, con la totalidad de los diputados, quienes en definitiva se pronuncian a favor o en contra del Reconocimiento. En el Plenario se votaba con bolitas negras y blancas, hasta que quitaron este procedimiento de votación, que también se usaba en votaciones de aceptación de socios en algunas Juntas Directivas de ciertos clubes sociales de la capital.

Mientras estaba en Comisión el estudio del candidato a Benemérito era de absoluta discreción y casi secretividad su trámite. Hoy no sucede del todo así. En los últimos tiempos, desde que está en Comisión alguna propuesta se corre y se filtra la información, especialmente hacia la prensa, con el ánimo de presionar, y de provocar reacciones, a los diputados que tienen esa primera tarea de selección y valoración. En este sentido se ha chusmeado y se ha vulgarizado este trabajo legislativo restándole la serenidad y calidad que debe tener con propuestas poco serias y sin sentido que se realizan para declarar Beneméritos…un dueño de un equipo de Fútbol, un entrenador ad hoc extranjero de la selección nacional… y así otras ocurrencias…

Es en el Plenario Legislativo donde se debe votar en definitivo, cuando todos los diputados presentes, toman la decisión de Declarar o no un Benemérito, con la discusión pública, allí, en el Plenario, que lo justifique. A partir de este momento está abierta toda otra discusión pública extraparlamentaria, sobre el personaje y los diputados, mientras dure esa discusión en el Plenario. Tomada la decisión queda la discusión del Benemeritazgo para la ciudadanía y los especialistas que quieran abordarlo.

El título de Benemérito supone un reconocimiento que permite no solo aquilatar a la persona en lo que ha significado para la sociedad nacional, para el país como elemento integrador de todos los costarricenses, y para el sentido republicano que nos inspira, forma, representa y modela, así como de los valores democrático institucionales que también constituyen el modo de ser de los costarricenses, y de los Derechos Humanos, que hoy como manto cubren básicamente todos los órdenes de nuestras relaciones sociales, económicas y políticas.

Al declarar un Benemérito se procura que su reconocimiento sea ejemplo de vida, de compromiso, para las generaciones actuales y futuras en la posibilidad de imitarlos, emularlos y hasta de superarlos en comportamientos y acciones en pro del Estado, de la República, como espacio de convivencia ciudadana, del país y del pueblo costarricense, y de procurar más desarrollo económico social, más justo, más inclusivo y democrático.

Hay que entender que al Declarar a un Benemérito siempre habrá quien pueda no estar de acuerdo con dicho nombramiento, por las razones que sean, pero que por hecho el nombramiento se ha llegado a un examen de su vida que para los Legisladores así lo justifica. Aún así los Beneméritos, para todos los efectos, pueden seguir siendo objeto de investigaciones históricas, políticas y de sus vidas privadas sin que nadie lo pueda impedir. En nuestra cultura e investigación histórica nos falta mucho desarrollar, sobre este tipo de personajes y de héroes nacionales, una práctica investigativa, y de debate público, sobre estos personajes considerándolos en su condición humana, de carne y hueso, con sus virtudes y defectos, como seres terrenales, y no viéndoles como abstracciones divinas ni como dioses.

Junto al reconocimiento de personas después incluyeron instituciones, que por igual motivo, se les señala en su importante papel en el desenvolvimiento nacional, en la vida de los costarricenses, en sus repercusiones y trascendencias culturales, educativas o de salud.

En el abanico de posibilidades que fueron surgiendo se establecieron distinciones en el Benemeritazgo, destacando el papel de los reconocidos en las Artes Patrias, en la Ciencia y en la Tecnología, en la Cultura y el Arte, en la Educación, en la Enseñanza, en las Letras Patrias.

Junto a los reconocimientos del Benemeritazgo Patrio, la Asamblea legislativa también hace otros reconocimientos como son el de Defensores de la Libertad, los Ciudadanos Esclarecidos, los Ciudadanos de Honor y el de las Instituciones Beneméritas.

Hasta hoy, me parece, se reconocen alrededor de 95 personas que tienen la denominación de Benemérito de la Patria, 74 de ellos de manera general, 2 en el campo de las Artes, 1 en las Ciencias y la Tecnología, 4 en la Cultura y el Arte, 6 en la Educación, 2 en la Enseñanza y 4 en las Letras Patrias. A ellos se suman 6 Defensores de la Libertad, 1 Ciudadano Esclarecido, que cuando se le dio el reconocimiento no lo aceptó, 10 Ciudadanos de Honor y 18 Instituciones Beneméritas. En la totalidad de distinciones que ha hecho el Poder Legislativo se le ha dado reconocimiento a 9 mujeres. El Ministerio de Relaciones Exteriores por su parte otorga ciertos Reconocimientos especiales.

Entre los 74 Benemeritazgos hay 23 personas que han ejercido la Jefatura de Estado o la Presidencia de la República. El último otorgado a un gobernante fue a Daniel Oduber Quirós. Entre los que han recibido esta distinción, además de Jefes de Estado o Presidentes de la República hay diplomáticos historiadores, Obispos y Arzobispo, médicos, abogados y abogada, economistas, educadores, pensadores, escritores, una Primera Dama, solo a una se le ha dado este reconocimiento, al “compositor de música del Himno Nacional”, filósofos, al “escritor de la Letra del Himno Nacional” y al “pionero de la radio”.

Manuel María Peralta y Alfaro, gran diplomático e historiador nacional, dos veces recibió esta distinción, al igual que Carmen Lyra, quienes han sido los únicos a quienes dos veces se les ha dado este reconocimiento nacional, enfatizando en cada Benemeritazgo en distintos aspectos de sus vidas.

Los reconocimientos especializados se dan a personas como a instituciones, y así también los catalogan cuando el Reconocimiento no tiene ese título especial.

En este aspecto del Benemeritazgo se habla de dos casos, Rafael Francisco Osejo y José María de Peralta y La Vega en que se les menciona indicando que su Benemeritazgo no está “declarado”, aunque también se les reconoce como “Beneméritos”. Ambos jugaron papeles muy importantes en los primeros días de la Independencia, durante el período de las Juntas de Gobierno, entre las muchas responsabilidades institucionales y públicas que desempeñaron. Sería bueno hacer el debido reconocimiento oficial de su Benemeritazgo, que de hecho y a efecto de las publicaciones se les reconoce.

Hace poco se hizo reconocimiento especial a las tres primeras diputadas que fueron electas en 1953, todas mujeres muy distinguidas en las luchas ciudadanas del período y de los años anteriores.

En estos días se ha propuesto algo que me parece absurdo, y que no debería darse, el Benemeritazgo de la Patria a todos los combatientes del conflicto bélico de marzo y abril de 1948 y del conflicto militar de 1955, cuando se quiso derribar al gobierno constitucional de José Figueres, por parte de grupos calderonistas que se habían preparado en Nicaragua.

Se informó en la prensa que se “busca que se declare el benemeritazgo a los excombatientes de la guerra civil de 1948 y la contrarrevuelta del año 1955”, una propuesta del diputado de Acción Ciudadana, Luis Ramón Carranza.

¿Cuando se dice “excombatientes” se refiere a todos los que combatieron, de todos los grupos que se mezclaron en ese conflicto? Existe desde hace muchos años la Asociación de Excombatientes. La lista de todos los combatientes nunca se ha hecho, como no se ha hecho la lista de todos los caídos. Lo que se ha elaborado es la lista de los combatientes que recibieron y reciben beneficios de “pensión de guerra”. No se puede Declarar un Benemeritazgo de esa forma.

¿Por qué no declarar Beneméritos de la Patria a todos los que fueron a luchar al lado del Presidente Juan Rafael Mora Porras contra la intervención filibustera en Costa Rica y en Centroamérica? La lista de los fallecidos en esta Campaña Nacional esta bastante bien levantada y actualizada. Los miembros del Ejército y los enlistados voluntariamente en el Ejército se puede elaborar? ¿No sería más justo? O, ¿a los combatientes de la Guerra de Ochomogo ¿por qué no considerarlos también para este reconocimiento? ¿Acaso no fue importante ese enfrentamiento militar? Y así se podrían mencionar otros, cuando fuimos a la guerra con Colombia o Panamá por la disputa de límites, a los caídos nacionales en esos conflictos.

Y, ¿qué quiere decir el diputado con la “contrarevuelta” del año1955? En Costa Rica , en 1955 no había ni una “revuelta” ni una “contrarevuelta”. Lo que había, guste o no, era en ejercicio un segundo Gobierno constitucional después del 7 de noviembre de 1949, el primer gobierno constitucional de José Figueres Ferrer. Había gente opositora al gobierno, como en toda democracia. Había un grupo de costarricenses, que se entrenaba en Nicaragua, en el Cuartel Coyotepe, con la intención de derrocar a Figueres, por las armas, y eso fue lo que se intentó, y fracasó. Los ticos que venían en esa “invasión”, entre ellos un tío mío, Renán de Lemos, y también venía Abel Pacheco de la Espriella, sí podrían ser considerados “excombatientes”, que se enfrentaron a las fuerzas militares del Gobierno que defendía al Gobierno constitucional de Figueres.

Sobre este Proyecto de Ley, expediente 21.463, según la información de prensa “los que intervinieron en la defensa de la soberanía, el 11 de enero 1955, cuando el ejército nicaragüense, presidido por Víctor Manuel Cartín, ingresaron por zona Norte y Peñas Blancas, para derrocar al presidente José Figueres Ferrer y dar el poder al doctor Rafael Ángel Calderón Guardia.” Si fuera el “ejército nicaragüense, o las “fuerzas nicaragüenses”, el que ingresó es claro que, a soldados extranjeros que ingresan al país a derrocar un gobierno constitucional costarricense, no se les puede declarar Beneméritos por su condición de excombatientes. Esto si es una verdadera y grandísima idiotez y estupidez parlamentaria en caso de que llegue a aprobarse. ¿Se está pensando en considerar excombatientes para el Benemeritazgo a los que vinieron de Nicaragua, ticos calderonistas, porque también fueron combatientes, o solo fueron excombatientes los que defendieron a Figueres? No se podría considerar “excombatientes” solo a los que defendieron al Gobierno, porque respecto a los ticos luego hubo una amnistía.

A los principales Jefes Políticos de estos conflictos de 1948 y 1955 se les ha hecho este reconocimiento nacional, de Beneméritos de la Patria, por méritos que trascienden los conflictos bélicos en que estuvieron involucrados y alrededor de los cuales miles de costarricenses se enfrentaron militarmente y cayeron ofrendando sus vidas por lo que consideraron sus banderas de honor a defender. Aquí no solo se peleó por “la defensa del sufragio”. También estuvieron de por medio las Garantías Sociales, el Código de Trabajo y la llamada Reforma Social.

Así se ha declarado Beneméritos de la Patria a José Figueres Ferrer, a Rafael Angel Calderón Guardia, a Manuel Mora Valverde, a Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez.

Ligados a ellos, y a este enfrentamiento político militar, y no solo por ello, también se ha declarado Beneméritos de la Patria a León Cortés Castro, a Otilio Ulate Blanco, a Carlos Luis Valverde Vega, a Francisco Orlich Bolmacih, a Rodrigo Facio Brenes, a Mario Echandi Jiménez, a Carmen Lyra, a Carlos Luis Fallas Sibaja, a Joaquín García Monge, a Daniel Oduber Quirós, Carlos Monge Alfaro, a Alberto Martén Chavarría, Emma Gamboa Alvarado.

El Proyecto del diputado, del Partido Acción Ciudadana, propone establecer el día 19 de setiembre como “Día Nacional de las y los excombatientes de la guerra civil de 1948 y la contra revuelta de 1955” con la intención de que “las generaciones actuales y futuras nunca olviden estos hechos bélicos que causaron tanto dolor a la familia costarricense y no se vuelvan a repetir”, pues ha “llegado el momento histórico de hacerles justicia, como merecen los héroes en la historia patria, por su valentía y haber creído en sus ideales”.

Este día, ¿cómo se va a celebrar, con desfile de escuelas y colegios, o con policías? ¿Será un día, por su señalada importancia, feriado y de pago obligatorio? El 19 de setiembre solo cada cuatro años puede caer en el calendario un sábado o domingo. ¿Por qué el 19 de setiembre?

Este Proyecto de Ley, expediente 21.463, no debe tramitarse. Debe rechazarse. No es en tumulto, ni por montón, que se otorgan los Benemeritazgos. Son selectivos.




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