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Jueves 24 Mayo, 2012

Becas de Avancemos sin fiscalización

Políticas sociales han impulsado desde hace como 20 años la creación y proliferación de programas sociales, que otorgan dinero a las familias pobres con niños en edad escolar para que se mantengan en las aulas.
Lo más llamativo de estos programas no solo es el otorgamiento de dinero en efectivo, que representa una garantía de ingreso mínimo, sino la inclusión de una serie de requisitos que los beneficiarios o familias deben cumplir para recibir la ayuda.
No obstante, en un contexto de promoción y protección de los derechos sociales de la población, entendemos las políticas sociales, como instrumentos que permiten fortalecer la participación, la inclusión social y la equidad.
Las políticas públicas que relacionan la obtención de determinados beneficios económicos de acuerdo a cierto comportamiento individual no son nuevas, pese a que los fondos sí son limitados y representan un gran desafío.
Por muchos años, la recepción de subsidios familiares universales en los países europeos fue limitada a familias con un jefe de hogar empleado, o una mujer en cuidados prenatales o bien familias con muchos niños.
Actualmente en América Latina, pero específicamente en Costa Rica, los programas de transferencia directa de dinero a las familias pobres, condicionados a la asistencia escolar han tenido un crecimiento importante que nos pone a pensar hasta dónde este tipo de beneficios nos plantea, como sociedad, una solución a la pobreza.
Las “evaluaciones” muestran ciertos impactos positivos con una alta tasa de matrícula escolar a principio del curso lectivo. En donde no hay duda de que estos beneficios traen alivio y son bienvenidos por la población “meta” que por muchos años experimentó programas poco eficaces.
Sin embargo, la brecha entre aquellos que cuentan con un ingreso fruto de su trabajo y aquellos que solo cuentan con subsidios o programas extraordinarios para cubrir sus necesidades básicas, aumenta rápidamente y al día de hoy el gobierno no tiene los ingresos para honrar esos compromisos.
Finalmente, la pregunta obligatoria es: son estos programas políticas de inclusión para aliviar la pobreza, de modo paliativo, o bien siguen un concepto paternalista.

Luis Fernando Allen Forbes
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