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Una pésima organización del servicio público de transporte colectivo de personas causa mayor contaminación, desperdicio de tiempo y desmejora la calidad de vida

Basta de posposiciones

Zigzagueando de un carril a otro, deteniéndose en medio de la calle a bajar pasajeros que corren hasta la acera con miedo de ser atropellados por alguna moto que raye por la derecha, contaminando el ambiente y enfermando a la gente con el espeso y abundante humo negro que expelen, así circulan, anárquicamente, los autobuses por San José.
Además, las empresas utilizan las vías públicas como terminales produciendo gran congestionamiento vehicular en zonas que deberían ser de libre tránsito. Suponemos que han sido autorizadas para hacerlo.
Así, 1.500 de esas unidades recorren la ciudad por todas partes convirtiendo en más intransitables nuestras angostas calles, generando más presas y aumentando el retardo de todo el movimiento vehicular.
Una pésima organización y prestación del servicio público de transporte colectivo de personas, que ocasiona gran desperdicio de tiempo, mayor consumo de combustibles y en general pérdidas a la economía.
Sin embargo, de acuerdo con lo que se detalla en LA REPUBLICA del lunes anterior, el plan para ordenar los buses en la capital, algo pospuesto desde hace 12 años, se sigue postergando.
A pesar de que existen ideas y hasta recursos para implementar un cambio en ese operar que perjudica tanto, no se hace nada. Ni siquiera hay un acuerdo o coordinación entre autoridades nacionales y locales para unir esfuerzos y sacar al centro josefino de esa lamentable situación.
Mientras tanto, los costarricenses siguen siendo las víctimas obligadas a soportar un día a día que los agota por el solo hecho de tener que transportarse hasta sus lugares de trabajo, perdiendo en muchos casos hasta cuatro horas diarias, en el caso de los que viajan en autobuses.
Los que por su parte lo hacen en automóvil propio, deben, gracias al caos vial que se suma a las caravanas de autobuses, sumergirse en interminables presas, perder tiempo y combustible.
Estos últimos, además, como si fueran culpables de lo que las administraciones no han hecho, son obligados a dejar un día a la semana su automóvil en casa y utilizar el ineficiente y mal organizado sistema de autobuses.
Una medida que parece diseñada para demostrar cómo es posible posponer lo que requiere urgente solución y al mismo tiempo aumentar las dificultades para los ciudadanos.
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