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Martes, 13 de noviembre de 2018



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Aztecazo: ¡Convicción!

| Martes 11 septiembre, 2012



Aztecazo: ¡Convicción!

¿Cuáles fueron algunas estrategias de la preparación mental de la “sele” para el histórico partido del 2001?
Dada la premisa de la influencia de los técnicos en los jugadores, conversé semanas antes y por casualidad con el entrenador de México, Enrique Meza. Percibimos que le impregnaba una identidad a su selección que podía ser contrarrestada con mucha agresividad inteligente. Guimaraes y todos decidimos comportarnos así e ir a México por los tres puntos.
Los jugadores observaron videos de los goles que Costa Rica le había anotado a México. La intención era demostrar que éramos capaces y que no debíamos chocar con barreras mentales.
Los seleccionados que habían jugado antes en el Azteca explicaron a sus compañeros que el estadio, la altura y la contaminación no tenían un papel importante. Había que eliminar mitos y fortalecer la confianza. En 1997 había colaborado también con la Sele para el partido que empatamos 3 a 3 en el Azteca; sabíamos que siendo más que un equipo podíamos triunfar.
Durante dos semanas estudiamos los valores, los símbolos y la historia de Costa Rica. Si los mexicanos eran “nacionalistas”, nosotros lo debíamos ser más. ¡Conocer y amar lo nuestro, primer paso para defenderlo!
En México, realizamos sesiones individuales con la mayoría de los jugadores para que “visualizaran” lo que nos esperaba ante la decisión de ir por la victoria. Esto es un medio para aumentar seguridad, reducir ansiedad y despertar el anhelo por ganar.
La convicción de ganar era tan fuerte que invitamos a los mexicanos a llenar su estadio, para que fueran testigos de la osadía de los ticos. En el reconocimiento de la cancha, los jugadores no se dejaron amilanar por medidas de la administración del Azteca y allí confirmamos que la preparación integral había sido tan intensa y meticulosa, que solo quedaba esperar unas horas para disfrutar el reto. Ganar es el premio cuando se trabaja con pasión y profesionalismo, sin dejar nada a la suerte, que es la eventual salvadora de quienes no se esfuerzan al máximo.
Cada detalle se planeó entre todos, hacíamos dinámicas cada 48 horas durante meses. El equipo ya era una familia unida, solidaria, exigente y alegre. Decíamos que los mitos del Azteca eran como "frutas podridas" que no debíamos comernos. Los jugadores eran maduros, convencidos de querer escribir su propia historia, líderes constructivos y disciplinados para aplicar el sistema táctico diseñado por el director técnico.

German Retana
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