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Viernes 16 Diciembre, 2011

Aventuras impositivas

El nuevo plan fiscal denota un atrevimiento aventurado por parte de algunos de nuestros dirigentes quienes no parecen percibir que en temas de competitividad, actuar sin visión global es perjudicial cuando no se toman en cuenta importantes experiencias tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
A efectos de confirmar parte de mi reciente investigación académica, conversé con un experto chileno en temas de competitividad e inversión extranjera, el cual me afirmaba que Intel hizo primero su propuesta a Chile antes que a Costa Rica para operar. ¿Y entonces, por qué Intel no está en Chile? Pues porque es bien conocido en esa nación aunque no tan difundido en nuestro terruño que fue debido al rechazo del gobierno chileno ante la solicitud de Intel de más beneficios tributarios en relación con los que disfrutaban las empresas tanto locales como extranjeras ya radicadas en ese país, aduciéndose que no era justo ni para estas empresas ni para mantener el bienestar social.
Pese a todo, el experto concluyó que Chile se arrepiente de no haber aceptado a Intel, ya que hubiera significado para ese país lo que ha significado para Costa Rica.
Lo primero que se podría aseverar entre la actuación de ambos países, es que la decisión del gobierno chileno fue idealmente responsable para con el mejoramiento o mantenimiento de su estado de bienestar, aunque no acorde con lo que realidad global permite.
Sin embargo, bajo el marco de la globalización, de la interdependencia, ¿se beneficia Costa Rica a largo plazo? Lejos de demonizar la inversión extranjera, que no es mi intención, estas preguntas conllevan a reflexionar aún más con el objetivo de no idealizar lo que no debemos, pero de sí ajustarnos a las circunstancias que lamentablemente nos tocan.
Aunque es innegable que la atracción de multinacionales trae beneficios económicos y sociales, continuamos en la era donde la competencia por atraer esta inversión es feroz, sin existir un organismo real de arbitraje sobre los perjuicios de atraerla.
Sin generalizar, muchas grandes empresas extranjeras invierten en donde mejor les conviene sin importarles si los efectos en la omisión de cargas impositivas afectan o no a países subdesarrollados; peor aún, es que todo el peso de la responsabilidad en el desarrollo siga recayendo en estados frágiles, plagados de corrupción.
Sí, es necesaria una justa revisión de la gobernabilidad local y global, y un aumento substancial de responsabilidad social corporativa como parte integral de la sociedad, pero estamos todavía muy lejos de ser testigos de esto.
Por ahora, nuestra realidad nos debería llevar a “no jalarle el rabo a ternera”. Mientras sigamos siendo dependientes de grandes multinacionales, y mientras los países u organismos más influyentes no cambien las reglas del juego —como suele suceder—, no nos queda otro remedio más que el que nos ha servido hasta ahora para mantener Costa Rica a flote: mejorar nuestra competitividad siendo permisivos al mismo tiempo en temas fiscales… Así de duro y hasta egoísta es ser un pequeño “país independiente” en el actual escenario económico mundial. Contradictorio, pero esto es lo que hay.

Evelyn Cermeño Vargas
Egresada de London School of Economics and Political Science en Política Social y Desarrollo
Consultora
[email protected]