Arnoldo Mora

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Viernes 8 Agosto, 2008

Ausencias significativas

Arnoldo Mora

Las celebraciones religiosas más importantes del año en Costa Rica, acaban de llevarse a cabo sin novedad, excepto por el “detalle” —nada despreciable políticamente hablando— de la ausencia casi total del gobierno, que se manifestó por la no presencia (¿boicot?) de la gran mayoría de los actuales jerarcas de TODOS los poderes y, en especial, del propio jefe de Estado. Poniendo como pretexto su viaje a Brasil Oscar Arias brilló por su ausencia rompiendo así una larga tradición.
¿Cómo debemos interpretar esa ausencia? ¿Como la voluntad clara de mostrar distancia con una jerarquía y, sobre todo, con el clero que, en su mayoría, no ha querido someterse sumisamente a los dictámenes de la “dictadura en democracia” como lo han hecho los otros “poderes” de la otrora democracia impoluta que el pueblo costarricense, bajo la guía de prohombres como don Ricardo y don Pepe hicieron de Costa Rica una república ejemplar? ¿O esa ausencia refleja más bien temor a que el pueblo le expresara inequívocamente lo que ya revelan las estadísticas: su creciente impopularidad y galopante repudio popular a medida que se acerca el fin de su mandato? ¿O será todo eso a la vez? Lo cierto es que los temores de Oscar no carecen de fundamento a tenor de lo dicho en su homilía por el Obispo de Tilarán en su párrafo final (no.5). Pero a la ausencia del mandatario hay que añadir que las palabras de Laura Chinchilla, presidenta en ejercicio, hacen pensar que a Oscar no le faltaron razones para preferir las bellezas del gigante del Sur. Lejos de anunciar la “buena nueva” como acostumbran hacer los predicadores, Laura, la delfina de los Arias, se convirtió en ave de mal agüero e insistió en lo ya dicho por el jefe: que nos espera un largo periodo de “vacas flacas”.
Lo que no dijo o reconoció como la humildad que caracteriza a los auténticos cristianos, virtud que no caracteriza a los actuales gobernantes, es que las políticas neoliberales defendidas dogmática y antidemocráticamente por el actual régimen, son las responsables del hambre y la pobreza galopantes que se anuncian como oscuro porvenir cercano de los costarricenses. Tampoco dijo que esa catástrofe anunciada no será para todo el mundo, sino para las mayorías que son las que siempre sufren las crisis. Bien hizo entonces la mayoría del gobierno en no estar presente en una celebración, que no era de gozo para los costarricenses; aunque debieran oír las súplicas de un pueblo que recurre al cielo cuando los responsables de la tierra les fallan. Allí estaba la mayoría del país a los pies de su Patrona, ante la ausencia de no pocos de los que deberían por conciencia y mandato constitucional velar por sus intereses. Y estaban ausentes porque aquello no era para ellos. Sin embargo, no todo es tragedia. Si el pueblo se moviliza masivamente hoy para implorar del cielo lo que los usurpadores de su tierra le niegan, pronto se movilizará para asumir su destino en sus manos, barrer con los responsables de sus males e iniciar una nueva era. Al menos, esa es nuestra esperanza.