Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

Enviar
Miércoles 8 Enero, 2014

Quienes pretendan obtener contenidos digeridos para tomar una decisión de voto tienen que buscar otras opciones informativas, que por suerte las hay


Hablando Claro

Augurios

Por mera convicción acerca de la forma de ver el mundo y sus diarios desafíos, creo que nada debería apachurrarnos el ánimo para empezar un año con las mejores vibras imaginables. Por ello siempre me obligo (el autoconvencimiento es una tarea inconclusa) a afincarme en la idea de que el inicio de año es una oportunidad de abrir ciclo, de renovar planes y propósitos para mejorar el plan de vida. Lo anterior es ciertamente un lugar común.
Nadie en sus cabales quiere empezar el año cabizbajo y meditabundo. Pero resulta que no falta un pero. Y el del comienzo de 2014 está puesto en el torneo electoral.


Por más animada demócrata que una sea, el realismo nos va pintando la escena y reduciendo el margen para creer que podrá haber sustancia donde cuesta verla. Dicho de otro modo, entre la pléyade de candidatos y sus partidos políticos (o cascarones de partido), de estrategas, de periodistas y medios de comunicación y hasta del propio Tribunal Supremo de Elecciones, una se va convenciendo de lo difícil que resulta que la campaña ofrezca buenos platillos para masticar la decisión de voto de modo que lleguemos al primer domingo de febrero con la idea de que efectivamente tuvimos todas las posibilidades para hacer el ejercicio de escoger entre planteamientos, programas y planes serios para el país.
Obviamente lo digo porque hasta ahora el trabajo que nos es propio (me refiero al de los periodistas) tanto como los dos debates del TSE me dejan una frustración superlativa. En cuanto a estos últimos, no solo se trató del terrible suplicio de tener que ver y escuchar a varios candidatos presidenciales sin sustancia ni juicio para aportar lo mínimo a la justa electoral y consecuentemente al sistema democrático, sino también por el hecho lamentabilísimo de que el organizador y árbitro de la contienda (por lo demás con sendas organizaciones no gubernamentales como aliadas) no tuvo la capacidad de articular una propuesta sustantiva para posibilitarnos un ejercicio de verdadera valoración propositiva.
Después de estos pseudodebates, el TSE tendría que evaluar muy bien qué es lo que podría hacer para cumplirle a su propuesta de “votante informado” porque francamente su aporte hasta ahora ha sido ínfimo, excepto por haber cumplido con el requisito formal y ciertamente obligatorio de permitir a los 13 salir en escena; aunque no comprendo qué designio los obligaba a que fuera únicamente en dos tandas y con el formato empleado.
Claro que visto positivamente, quienes hayan observado esos encuentros podrán tener claro al menos por cuales “aspirantes” nunca deberían votar. Por ahora, quienes pretendan obtener contenidos digeridos para tomar una decisión de voto tienen que buscar otras opciones informativas, que por suerte las hay.
Con los debates que faltan esperemos a ver si los candidatos que tienen propuestas serias pueden realmente mostrarse ante la opinión pública como debe ser. La esperanza es lo último que se pierde. Sobre todo si una insiste en empezar el año con buenos augurios.

Vilma Ibarra